«Y, dicho esto, exhaló su aliento sobre ellos y les dijo: Recibid el Espíritu Santo» (Jn 20,22)
Estamos llamados a encontrarnos con Dios. Arriba, o abajo. En el cielo o en el suelo. Dentro o fuera. Utilizamos tantas imágenes…
El caso es que nos encontramos a Dios de mil maneras. A veces uno ni se da cuenta. En un rato de oración. En un momento de risa. En un abrazo que llega justo cuando se necesitaba. En un poema. En el silencio. En la palabra. En las preocupaciones que abren la puerta a soluciones nuevas. En las personas. En la quietud de una iglesia. En una celebración que me llega especialmente.
Dios, en su espíritu, me sale al encuentro.
SUBIDA DEL AMOR
Mira los aires, alma solitaria,
alma triste que sola vas gimiendo.
Asciende, sube. Amor te espera.
Dios te espera en la cima de tu vuelo.
Aleteante, temblorosa y blanca
te veo subir entera entre los vientos.
Te vas dorando. Solar eres.
Clara y solar sobre los cielos.
Alma sola de Dios junto a su rostro,
rostro de luz que cubre el firmamento.
Inmensa estás tocada en luz naciente.
Inmensa estás la luz de Dios bebiendo.
Cara con cara junto a Dios, contemplas.
Cara con cara yo te veo.
Vida con vida, luz con luz,
cielo con cielo.
Luz de amor, luz de vida
lenta en los aires bajar siento.
Fundida luz de Dios con luz del alma.
¡Oh claridad en el silencio!
(Carlos Bousoño)
¿Dónde me encuentro a Dios en la vida cotidiana?







