En estos momentos los voluntarios de FASFI están formándose y preparándose para una experiencia que va a marcar sus vidas. Desde FASFI realizamos un trabajo de preparación previo a su marcha. Sabemos que cada persona es única, madurez, motivación y trabajo personal interior son relevantes en estos meses previos.
Queremos compartir con todos/as esta poesía de Gloria Fuertes titulada “El voluntariado” y que os preguntéis si hacemos milagros juntos.

“Yo quiero despertar vocaciones para que la gente se haga voluntaria. Ser voluntario es ser
profundamente humano.
Ser voluntario es acudir a la calle, a la casa, a la cárcel, al barrio del pueblo donde hay un ser que sufre.
Ser voluntario es entrar en el corazón de los que lo pasan mal.
Cuando el voluntario visita a alguno que está solo, le cura la soledad.
Cuando le habla, le ayuda, le escucha y le acompaña: el solitario mejora su soledad, que es junto
con otras, la enfermedad de los ancianos.
El voluntario trabaja gratis, no gana nada. Yo no quiero negarlo, pero el voluntario gana
muchísimo. Gana el placer de ser útil, la sonrisa de un anciano o de un enfermo, el abrazo de un niño
sin padres, la amistad de un paralítico y el afecto y la amistad de un preso.
El voluntario sabe que el camino de su vocación, escogida libremente, es ir donde vive el dolor. El
dolor físico ó psíquico le espera y tiene que ir lleno de ilusión, alegría, comprensión y amor, tesoros
espirituales que si no se tienen no se Pueden dar. El dolor puede ser destruido por el amor, no sólo
por la farmacia. Hacerse voluntario es también salvarse del aburrimiento, salvarse de la vulgaridad,
de la rutina, del materialismo. Y os hace sentiros útiles, solidarios, amables, importantes, “medicina”
que cure al de la “historia”.
Os pido que contagiéis este “virus”de bondad que tenéis a vuestros amigos y amigas, para que ellos
también sean nuevos voluntarios.
Más que un gran premio de la lotería, más que un premio Nobel de lo que sea, es lo que recibe el
voluntario cada noche cuando se va a dormir; es lo que recibe el voluntario que durante unas horas al
día ha alegrado a una persona triste, ha hecho sonreír a un enfermo, ha paseado en su silla de ruedas
a una persona que no puede valerse.
El premio del voluntariado es que pasa a ser un artista.
El voluntario no ha pintado un cuadro, no ha hecho una escultura, no ha creado una música, no ha
escrito un poema, pero ha hecho una obra de arte con sus horas libres.
Todavía hay milagros, milagros demostrables, que los hacen, que los hacéis Y los harán los nuevos
voluntarios.”
Gloria Fuertes