Con motivo del Día Mundial del Comercio Justo, domingo 10 de Mayo, y bajo el título “Tira del hilo”, la Coordinadora Estatal de Comercio Justo ha publicado un informe sobre el sector textil en el mundo. Dicho informe aborda, de manera sencilla y divulgativa, el mercado global del textil y sus desequilibrios comerciales. Analiza la cadena de producción y las condiciones laborales de los trabajadores y trabajadoras del sector y plantea el Comercio Justo como alternativa, e incorpora declaraciones de representantes de organizaciones de textil de Comercio Justo de India , Nepal y Perú que cuentan los impactos positivos de esta alternativa comercial.
Podéis descargaros el informe pinchando aquí
A continuación compartimos un artículo escrito por Mercedes García de Vinuesa, presidenta de la Coordinadora estatal de Comercio Justo.
¿Sabías que los españoles gastamos en ropa 437 euros al año? Esta es la media, claro. Y esto de las medias ya se sabe, hay quien gasta más, hay quien gasta menos. Ante esta cifra, lo que nos gustaría es que te pararas a pensar qué hay detrás de esa ropa, quién la hace, cómo, en qué condiciones.
Seguramente te vengan a la mente imágenes del derrumbamiento del edificio Rana Plaza, en Bangladesh, ocurrido hace dos años y que dejó 1138 personas fallecidas y más de 1500 heridas. Este accidente -el más grave del sector pero no el único- mostró a la ciudadanía las condiciones laborales inhumanas que sufren muchos de los trabajadores y las trabajadoras del textil. Pero después de la tragedia, aunque parece que ha habido tímidas mejoras, la ropa que nos ponemos y muchos de los artículos textiles que utilizamos diariamente siguen escondiendo situaciones de semiesclavitud y de violaciones de Derechos Humanos.
En Bangladesh, a pesar de que los sueldos ascendieron un 77% tras la tragedia, el salario mínimo actual es de 50 euros mensuales, insuficientes para cubrir sus necesidades básicas.
Y es que, según denuncia la Organización Internacional del Trabajo, 910 millones de personas, aún teniendo un empleo, sobreviven con menos de un dólar diario. Son “las y los trabajadores pobres”, estando especialmente representados en el sector textil y en la agricultura.
Detrás de estas cifras hay, sobre todo, mujeres. Un 80% de quienes cosen nuestra ropa son mujeres. A los sueldos ya bajos se une la brecha salarial, especialmente marcada en la confección, ya que se calcula que ellas cobran entre un 10% y un 50% menos que ellos por realizar trabajos similares. Así se genera un círculo vicioso de feminización de la pobreza, profundamente injusto y que consolida la desigualdad a muchos niveles.
Otra de las realidades que se esconden a lo largo de toda la cadena de producción de la ropa es la explotación laboral infantil. En India, a pesar de que se ha reducido, en la recogida de algodón participaron casi 400.000 menores en la campaña de 2010. La mitad tenía menos de 14 años. Y en Marruecos, miles de niñas se incorporan durante sus vacaciones a talleres, supuestamente como aprendices. Sin embargo, realizan la misma labor que las adultas aunque cobrando un 40% del salario mínimo.
La Organización Internacional del Trabajo, nos informa que alrededor de 21 millones de personas trabajan en situaciones de esclavitud moderna, de trabajo clandestino en distintos países del mundo, esquivando la escasa normativa, mínimamente ampliada en los últimos años.
Todo ello, sin hablar del enorme deterioro medioambiental. Para hacernos una idea, diremos que para producir unos vaqueros se necesitan 7.000 litros de agua, en tanto que el cultivo del algodón consume el 25% de los insecticidas que se utilizan en la agricultura.
Ante esta realidad, apelamos por un consumo consciente de la ropa, comprando solo la necesaria, alargando su vida útil y reciclándola, cuando ésta haya llegado a su fin.
Desde el movimiento del Comercio Justo proponen una alternativa global. Sus impactos positivos no se quedan únicamente en un sueldo digno, sino que van más allá. Para las mujeres, por ejemplo, supone un cambio de vida radical. Participar de las decisiones de su organización, defender sus propios intereses como trabajadoras, ser personas más empoderadas y autónomas.
Y a esto se le une el resto de aspectos que defiende el Comercio Justo: condiciones laborales dignas, ausencia de explotación laboral infantil, protección del medio ambiente, prefinanciación de los pedidos, etc.









