En nuestra vida tenemos épocas en que todo nos va viento en popa. La vida nos sonríe, gozamos de buena salud, el sol brilla cada mañana, el trabajo se nos hace ligero, superamos con facilidad los contratiempos.
Pero también aparecen en el transcurso de la vida tiempos grises con espesos nubarrones en el horizonte, no encontramos la chispa de la vida por ninguna parte. Todo se nos hace cuesta arriba, la desidia se instala en nosotros. Superar obstáculos en estas circunstancias es difícil y si además falla la salud, el derrumbe es total.
Necesitamos que alguien nos tienda una mano para salir de este atolladero, alguien que nos diga que el sol brilla tras las nubes, que nos diga que Dios Padre esta a nuestra lado más que nunca, como estuvo al lado de Jesús en Getsemaní cuando oraba en medio de un gran sufrimiento hasta sudar gotas de sangre: “Padre si es posible que pase este cáliz, pero no se haga mi voluntad sino la tuya”. Y bajo un ángel que lo consoló. Dios no lo libró de la muerte pero le dio fuerzas para afrontar la humillación y el sufrimiento de morir en cruz. Texto: Hna. María Nuria Gaza.







