Un ocho de diciembre de 1871, en Salamanca, por la tarde, en un sencillo acto y en una casa alquilada, cuyo arrendamiento, abonó el Obispo, , se Fundaba la Congregación de las Hijas de Jesús. Sin formalidades jurídicas, de manera sencilla y espontánea, el Espíritu hizo sentir su voz en las sencillas palabras que les dirigió el P. Herranz a esas seis mujeres allí congregadas: “Habéis sido escogidas para fundamento de la Congregación Hijas de Jesús… Sois pocas en número y en calidad todavía menos según los juicios del mundo, pero Él sabe y conoce los instrumentos que escoge.
Y en su interior, estos sentimientos:
“Estoy siempre dispuesta y preparada para hacer en todo la voluntad de Dios.”
Hasta tal punto que al final de sus días pudo decir:
Inician este camino en suma pobreza. No tienen saber, sólo una es maestra entre ellas. Tampoco tienen dinero, la primera casa es alquilada. Arriendo que les paga el señor Obispo.
Y abre escuelas y piensa en TODOS, pero sobre todo en los niños y jóvenes, que no tendrían alternativa, por carecer de medios para acceder a la educación más básica. Los que poseían un nivel económico aceptable, normalmente tenían tutores en sus casas.
Tres aspectos llenan su vida:
- “Ser toda de Jesús”.
- “El amor y entrega a los pobres”.
- “Mi gozo es que reciban una cristiana educación”.
Optó por el camino laborioso de la educación, la catequesis, la formación de adultos. Sabía bien lo difícil que a veces resulta, pues ella lo había recorrido ya de adulta.
Esta sencilla mujer, ha dado fruto, y hoy la Congregación que ella fundó está extendida en: España, Italia, Argentina, Bangladesh, Bolivia, Brasil, China, Colombia, Cuba, Filipinas, Japón, Mozambique, R. Dominicana, Tailandia, Taiwán, Uruguay, Venezuela y Vietnam.
Estos son los signos que el Espíritu puede hacer en nosotros/as, si le dejamos, si esperamos su tiempo y su hora, si abrimos nuestros ojos a las necesidades de los que nos rodean.










