Los salesianos del sur de la India trabajan con casi once mil mujeres que, divididas en grupos poblacionales, permanecen unidas por el lazo del trabajo en común y el deseo de empoderamiento. En el Village Integral Animation Training Centre en Polur, donde ellas han ido creciendo, han pasado del costurero a la computadora. Donde han aprendido a defenderse con el inglés, tan necesario para encontrar un puesto de trabajo en las grandes ciudades y donde, sobre todo, han tomado conciencia de lo que son: capaces, inteligentes, libres, dulces, jóvenes y despiertas, mayores y sabiamente bellas. Con los mismos derechos que sus maridos.
Las que tuvieron la oportunidad de estudiar algo, lo hicieron más o menos hasta los quince años, y después todo empezó a ser matrimonio, servidumbre. Un muro frente a ellas insonorizado con afecto. Pero muro al fin y al cabo. Por eso han decidido escalar esta pendiente: inclinada para ellas, tal vez para sus hijas pueda ser más fácil, pues están luchando por facilitar su acceso a una educación ecuánime; a una cultura que las dignifique a través del trabajo cualificado.
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