Así son nuestros misioneros: en distintos países de África, mucho antes de llegar el ébola y cuando acabe, también seguirán allí. Aprendamos de ellos, como de Jesús que el grano de trigo ha de morir para dar fruto. Que nadie les quita su vida, son ellos los que la dan gratuitamente.
“Creemos que estar aquí y compartir el sufrimiento de este pueblo ya es algo importante”
Fue un encuentro breve, de apenas tres horas, sobre todo, para escuchar y recoger el testimonio de estos tres curas valientes, tan llenos de energía como rebosantes de solidaridad e indignación ante la extrema pobreza y el abandono que enmarcan al ébola.
‘La verdad es que podemos hacer muy poco, dada la limitación de movimientos que sufrimos’, reconocía Luis Pérez, ‘pero creemos que estar aquí y compartir el sufrimiento de este pueblo ya es algo importante.’ El sentimiento de impotencia es común en los tres sacerdotes. ‘Antes yo transportaba enfermos o muertos en mi coche, y ahora los militares no me dejan cruzar la puerta de la misión’, explicaba René González. Más preocupados que asustados, los misioneros se obstinan en la esperanza. ‘Creo que merece la pena seguir luchando’, insistía José Luis Garayoa, ‘si leyeras los mensajes de apoyo que he recibido, te emocionarías. Yo me he encerrado en mi habitación a llorar de emoción. Por eso sigo aquí.’
José Luis Garayoa: ‘Dios me debe una explicación’
José Luis Garayoa evidencia su profunda indignación con vehemencia. Sin gestos de ira no se puede explicar cómo la extrema miseria de Sierra Leona es un caldo de cultivo para la epidemia, mientras se produce el intenso latrocinio de grandes corporaciones mineras internacionales sobre las riquezas del país. ‘A pesar del ébola, los trenes que se llevan los minerales siguen funcionando’, denuncia el misionero. “Eso es lo único que interesa al primer mundo de Sierra Leona; los seres humanos no cuentan”.
“Yo estudié en Filosofía y en Teología que el valor de la vida humana era infinito. Pero mi experiencia es que aquí, en mi parroquia, se me mueren cuatro de cada diez niños sin cumplir cinco años. Mueren de malnutrición o de malaria, o defecando gusanos. Y sufrimos el mayor índice de mortalidad en el parto del mundo. ¿Por qué, si están pasando trenes con diamantes por delante de mi puerta? ¿Por qué aquí ocurren estas cosas y allá, en Europa y en Norteamérica, no? Muchas veces cierro los ojos y le pregunto a Dios por qué. Yo me peleo mucho con Él. Y creo que me debe una explicación“.
Aunque el dolor haga más difícil la fe, Garayoa se obstina en tenerla. “Hay gente que me pregunta si en este desastre veo a Dios’, confiesa. ‘Yo les respondo que no podemos esperar que Dios baje a hacer milagros contra el ébola.”
“Porque Dios no hace milagros. Dios nos da la capacidad de hacerlos”.
René González: ‘Irme sería como traicionar a la gente’
“Yo no vine a Sierra Leona en busca de aventuras ni mucho menos. Aquí la muerte, el dolor y la tristeza acaban con las ideas de aventuras desde el primer día“, cuenta el también agustino René González. ‘Yo estoy aquí por la gente de Sierra Leona; si ellos no hubieran sido pobres, si ellos no hubieran vivido en la miseria, si ellos no hubieran necesitado ayuda, yo quizás no hubiera venido aquí de ninguna manera”.
René forma parte de los jóvenes sacerdotes españoles con vocación misionera, cuya escasez imposibilita el relevo de quienes han dedicado su vida entera a ayudar a las gentes de los rincones más infortunados del mundo. Tenía que haber tomado las vacaciones en septiembre, pero ya ha retrasado dos veces el viaje a España.
“Me di cuenta que si me marchaba ahora era como traicionar a la gente con la que he trabajado en estas tierras todos los días, en distintos proyectos”,








