Caminamos y dejamos huellas. Al compartir momentos, dejamos y nos dejan huellas.
Una huella significa un paso en un sendero, una marca en nuestro interior, un recuerdo permanente de haber vivido una experiencia de voluntariado inolvidable.
En Villa Ocampo hay personas que dejan huella en el corazón, en la memoria y en el camino que recorren. Personas que avanzan hacia una dirección, con pasos firmes, unidos y comprometidos, acompañados por la Itatí. Personas que se implican en los problemas de cada barrio y colonia de la ciudad:
- El grupo de prevención de violencia que ansía crecer, formarse y erradicar la violencia de género.
- Los/as misioneros/as que difunden un mensaje de fe, esperanza y amor.
- Los/as animadores/as de Infancia Misionera que se comprometen con las necesidades de la infancia. Los niños y adolescentes de cada grupo que, al grito “De los adolescentes y niños del mundo, siempre amigos” hacen la “búsqueda de su tesoro”: su propia felicidad.
- Las mochileras que brindan diversión y apoyo escolar.
- Los/as jóvenes de Arroyo Ceibal que, entre comparsa y comparsa, dan muestras de su responsabilidad con la misión.
- Los/as coordinadores/as y alumnado de la EFA, que con sus reflexiones profundas y maduras demuestran que “la vida enseña y educa”.
- El grupo de laicos/as Madre Cándida, que siente el Carisma.
- Las Hijas de Jesús que, con su testimonio de vida, dejan huella en su realidad más inmediata y desde la dignidad de cada persona, “buscan más el provecho del prójimo”.
Durante este tiempo en Ocampo, no sólo tuve la suerte de caminar al lado de diferentes grupos de personas que trabajan, comprometidamente, en su comunidad, sino que también pude compartir vida cada día: recorriendo Ocampo en moto y bicicleta, tomando mates y tererés, jugando a las cartas, preparando juegos en Las Mercedes, ensayando coreografías en el Barrio EFA, divirtiéndome en los campamentos de Villa Adela, impartiendo talleres y jornadas, conociendo en moto Arroyo Ceibal, cenando a la canasta, acudiendo al programa de televisión “Realidades”, conversando con los de la EFA en el Racing Club, asistiendo a reuniones, viajando a Itatí, paseando por la Costanera de Corrientes, comiendo frente al Paraná, haciendo mandados, cantando “Color Esperanza”, pisando barro y un largo etcétera.
Así, poco a poco, la vida, los lazos de unión y de amistad se iban tejiendo mientras crecía el sentimiento de ser parte de esta ciudad. Ante la pregunta “¿te hallás?”, resonaba un “sí rotundo”, que brotaba con felicidad.
El último día, llené mi maleta de personas, de nombres, de recuerdos, de detalles, de emociones, de momentos y de huellas. Huellas en mi vida, huellas en mi corazón, huellas en mi memoria, huellas que la lluvia no borrará, huellas que me acompañarán en mi camino de vuelta a España.








