Comienza la vuelta a España, estoy de viaje en el colectivo desde Monterrico hasta Córdoba y, es hora de empezar a reposar todo lo vivido durante este tiempo.
A lo largo de estos días, he ido con mi cámara de fotos, inseparable compañera de viaje, en mano, retratando rostros, paisajes, personas, lugares… No obstante, pienso en todas aquellas cosas que una fotografía no capta, los sentimientos vividos en cada momento compartido.
La mezcla de nerviosismo e ilusión en la preparación y ante el comienzo de una nueva experiencia de voluntariado.
La calidez de la bienvenida por parte de las hermanas tanto de Córdoba como de Monterrico.
Las presentaciones de tantas personas con la atención puesta en sus rostros y nombres.
La alegría del colegio, lleno de vida joven, acompañada por la experiencia del profesorado, la directora, las hermanas y el personal que lo conforma.
El entusiasmo y la dedicación de los alumnos y alumnas en la preparación de las misiones y su escucha a mis palabras que reviven mis experiencias anteriores de voluntariado.
El inicio del grupo de jóvenes de La Ovejería empujado por su decisión, valentía y esfuerzo.
El camino compartido con jóvenes, no tan jóvenes y algún que otro animalito en la peregrinación a Río Blanco.
La disponibilidad y la fuerza de los jóvenes de la sede en la Parroquia de San Isidro Labrador y su perseverancia reunión a reunión.
Los encuentros y charlas con las incansables luchadoras del 12 de octubre y el compromiso de los y las catequistas.
Las reuniones con el grupo Madre Cándida llenas de buenos sentimientos que “nos tocaron el corazón”.
La diversión y las conversaciones en la excursión a Tilcara, a Humahuaca y al Dique de El Carmen.
Los nuevos sabores tan ricamente cocinados de los alfajores, el dulce de leche, el asado y otras muchas comidas.
La labor de la comunidad de las hermanas y de tantas y tantas personas que, día a día, con su esfuerzo, colaboración y acompañamiento hace que Monterrico sea un lugar especial y repleto de vida.
El calor de los abrazos cargados de emoción en la despedida y sentir que el corazón cada vez se te hace más grande, porque se llena de más personas y recuerdos.
Al estar escribiendo estas líneas se me vienen tantos nombres y momentos a la mente que necesitaría páginas y páginas para escribirlos, muchas gracias a todos y a todas por haberme hecho sentir parte de vuestras vidas.
Hasta siempre.









