José Luis Pinilla.- Algo de las muchas cosas que nos preocupan estos días es que el nuevo Presidente de USA, cumpla su promesa de derogar el programa de Acción Diferida (DACA) de Obama en 2012 que ha servido para frenar la deportación de 750.000 jóvenes indocumentados que llegaron al país de niños y son conocidos como dreamers (soñadores). Estos podrían quedar en tierra de nadie si Donald Trump lleva a cabo sus planes en política de inmigración. Protegidos de las garras de la deportación a este proyecto están adheridos más de 700.000 jóvenes y gracias al cual muchos de ellos han podido estudiar y tener permiso de trabajo. Ahora, estos “soñadores” pueden ver cómo la protección gubernamental se hace añicos con la política de inmigración salvaje de Trump.¡ Que fácil es romper sueños de los jóvenes ¡ Con una firma¡ Así. Ya…
Con motivo de la Jornada Mundial de Migraciones de 2017 los niños migrantes vulnerables y sin voz provocaron en muchos la sensibilidad ante su vulnerabilidad extrema y recuperaron su voz aunque fuera con otros acentos o por medio de palabras adultas.Qué difícil es hacerse cargo de los sueños de los niños. Esta vez en Europa .
Para poner rostro, el cartel de la Jornada refleja , según dice mi amigo Peio Sanchez , la mirada de dos niños en medio de la tierra devastada por la violencia. Detengámonos. Lo tenéis al final de este párrafo : El niño no se atreve a mirar a la cámara, necesita sacar fuera la realidad de sus ojos. En su huida nos deja ver a nosotros, espectadores, la historia de su dolor. ¿ Qué atrocidades no habrá visto? ¿Qué desgarros y pérdidas no habrá padecido?. El paisaje de una ciudad destruida, donde no queda un alma, nos pone sobre aviso. Tras la desolación está el incontable padecimiento de tantos. Su rostro apenas esboza un sollozo silencioso y vulnerable. Quizás sea porque soñaba con un mundo de mariposas y ruiseñores. En contraste la niña tocada con un pañuelo, tapa su boca y mira directamente a la cámara. Su mirada que ahora nos compromete, es su clamor de súplica. “Habéis roto mis sueños” parece decirnos. Una provocación a la compasión con “los hermanos más pequeños”. Porque hemos invadido su mundo de azúcar y de viento y debemos devolvérselo. Una urgencia de respuesta aunque sea insignificante, incluso impotente. Sus ojos fijos en los nuestros son un imperativo imprescindible, inaplazable. Ahora nos damos cuenta que hay en ellos una infinita belleza, una insondable dignidad que nos apremia a extender la mano e implicarnos. Ahora o nunca
Yo ahora quiero recoger sus ecos. Porque mañana será tarde. Ayer fue tarde ¡ Ya es tarde ¡ Ahora o nunca
ECOS Y SUEÑOS:
España pierde el rastro sistemáticamente de menores migrantes.
“Cuando llegué quería estudiar, pero las cosas no me fueron como tenía pensado. Después solo podía pensar dónde conseguir comida”.Lo dice Mikel, natural de Nigeria, que alcanzó España con 16 años como polizón en un barco en 2009. Había dejado a su madre, “que no tenía nada”, en Níger, donde trabajó largas horas en el campo para poder pagar su viaje a Europa.Quería estudiar y jugar al fútbol en Barcelona porque soy fan del Barça desde pequeño, cuenta.
Pero al llegar a España se dio de bruces con un sistema de protección excluyente con los menores extranjeros que los deja en la calle: “Presenté mi partida de nacimiento y me dijeron que no valía, me hicieron unas radiografías que dijeron que era mayor de edad y me echaron del centro de menores”. La historia es de un chico de 21 años, ejemplo ” de muchos chicos negros como yo”.
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