Este año se cumplen 20 años de la creación de Fairtrade International. A lo largo de estas dos décadas, pasó de ser una pequeña iniciativa a convertirse en un movimiento global. Tan solo en 2015, se consumieron 7.300 millones de euros en productos de comercio justo con la certificación de este sello, un 16% más que en 2014. Estas compras beneficiaron a 1,6 millones de productores y trabajadores repartidos por 75 países.
Fairtrade es único gracias a que garantiza a los agricultores un precio que cubre sus costes de producción y, a la par, les reconoce una suma adicional (prima) para invertir en proyectos de desarrollo para sus comunidades. Esto último es muy importante pues son los mismos productores quienes deciden cuáles son sus prioridades y dónde invertir. Por ejemplo, en iniciativas de mejora de la productividad de sus cultivos, o en proyectos de educación, salud o vivienda.
En 2015, la prima ascendió a 138 millones de euros. Durante estos 20 años de trabajo hemos visto una evolución en el sector privado, el cual ha tomado una mayor conciencia sobre su papel en propiciar el cambio. Esto se tradujo en mayor inversión en programas de sostenibilidad y en un compromiso de integrar las cadenas productivas a nivel global. Del mismo modo, vemos cómo gracias a la globalización y a la creciente influencia de las redes sociales, los ciudadanos —cada vez más informados y organizados— exigen de las compañías y de los gobiernos políticas más respetuosas con el planeta y con sus habitantes.
De hecho, una de nuestras grandes fortalezas son las redes de consumidores y activistas que han impulsado a Fairtrade en Europa y Norteamérica. Esto contribuyó a que en relativamente pocos años, Fairtrade se convirtiese en el sello ético más reconocido y mejor valorado a del mundo, siendo un socio de confianza para más de 1.200 asociaciones de productores y más de 2.400 compañías en todo el mundo que utilizan la marca Fairtrade en sus productos.
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