Alrededor de 200 albaneses acampan en los alrededores del puerto de Zierbena (Bizkaia), donde cada semana salen tres ferrys hacia el Reino Unido. Se cree que muchas de estas personas provienen de Calais. En otros asentamientos de la zona también hay afganos y pakistaníes.
Ocurrió una lluviosa y fría mañana de verano. Mientras el cielo sigue lanzando agua, varias decenas de personas duermen en unas pequeñas tiendas de campaña. Sus cuerpos están pegados al suelo, y el suelo a la tierra húmeda. Y así, queriendo o no, la humedad cala los huesos de quienes intentan, como sea, dormir. Stop. Fuera hay movimiento. Extraños movimientos. Y gritos. Estremecedores gritos. “Police, Police”, repiten varias voces en una extraña versión de “buenos días” que promete, paradójicamente, un muy mal día. No solo por la lluvia.
Esta escena no ha transcurrido en las islas griegas. Tampoco en la frontera de Austria y Hungría. Los que esta mañana gritan son hombres fuertemente armados. Llevan los colores de la bandera de España y el escudo de la Policía Nacional. Olvídense de ver las expresiones de sus rostros: van encapuchados. Los que se despiertan con sus gritos son, en su mayoría, albaneses que huyen de la miseria. Y la tierra húmeda pertenece a Zierbena, un municipio de la costa vizcaína situado a escasos 20 kilómetros de lugares tan radicalmente distintos como el Guggenheim de Bilbao. Ahí, a esta misma hora, ya habrá turistas. Aquí solamente hay personas desesperadas que buscan llegar, como sea, al territorio del Reino Unido. Lo desean tan fervientemente que darían la vida por ello. Hoy tampoco lo conseguirán.
Tal como Britanny Ferries anuncia en su página web, desde el puerto de Zierbena se puede viajar a Portsmouth, una localidad situada al sur de Inglaterra. Si tienes entre 300 y 500 euros, te espera un tranquilo viaje de 24 horas, en el que tu única preocupación será no marearte en el trayecto. Pero si tu cartera está vacía y tu pasaporte –si es que lo tienes- te recuerda que ya no eres bienvenido, tus principales miedos llegarán a la hora de colarte en alguno de los camiones que subirán al ferry, evitar que la Guardia Civil te descubra y rezar para que los guardias de seguridad privados tampoco te vean. Si superas esa fase, entrarás en otra no menos arriesgada: pisar suelo inglés sin que nadie se percate de que has viajado como polizón.
Desde hace algo más de dos meses, alrededor de dos centenares de personas de nacionalidad albanesa intentan completar este periplo. Lo anhelan, pero no lo consiguen. De momento, tienen que conformarse con despertarse bajo los gritos de “Police, Police”, viajar en furgonetas hasta las oficinas de Extranjería de la Policía Nacional en Bilbao –situadas no muy lejos del Guggenheim- y volver otra vez al improvisado campamento de Zierbena, donde cada pocos días aparecen cámaras que los fotografían y policías que los detienen.
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