En los bordes de la ciudad, sobre un terreno envenenado, a veces florecen hermosas plantas silvestres.
Tallos resistentes que soportan condiciones extremas y aportan una inquietante belleza.
A primera vista, estas dos fotos no tienen nada que ver, así me parecia a mí ayer, cuando me encontré con el dilema de asistir a la presentación del libro de Masiá o a la presentación de: “Tenemos un Plan para el Gallinero”. Coincidian en la hora.
Me fuí, a la presentación del ” Plan para el Gallinero”. Me costó, no ver ni oir a Masiá, con el que compartí, unos E.E. que los centró todos en la 3ª semana.![libro-masia[1]](http://www.fasfi.org/wp-content/uploads/2012/09/libro-masia16-181x300.jpg)
Alló nos explicaron, como en los bordes, hay atardeceres deslumbrantes, aunque falte el alumbrado público. Cómo hemos logrado una buena gestión de los residuos urbanos y plantas de tratamiento y reciclado.
Pero una gran ciudad como Madrid, no sabe que hacer con sus residuos humanos. Poblaciones sin censo, que se convierten en “invisibles” y a efectos oficiales “inexistentes”.
Pero en este caso en el Gallinero, donde viven 400 personas de las cuales 250 son niños tienen una gran capacidad de sobrevivir.
Y la tozuda solidaridad de los voluntarios que les acompañan, apoyan la vida en este borde inhabitable de la ciudad: sin luz, sin agua, sin sanitarios…
Alli, estaban en la CASA ENCENDIDA, proponiendo un PLAN para producir un proceso, que por encima de lo económico y de la especulación, floreciera la persona.
El salón estaba no sólo lleno, sino con mucha gente de pié. Fuera, tanta gente como dentro, siguiendo la sesión en una pantalla y buen sonido.
Gente de lo más plural: cristianos, O.N.G.S, Partidos, lo que aceptaron la invitación que no fueron todos. Admistia Internacional y jóvenes, muchísimos jóvenes, ofreciéndonos tras sus vestimentas bastantes particulares, el signo de una juventud, que se preocupa y ocupa por los demás. Esta vez por los gitanos de Rumania.
Salimos dolidos, pero con una fuerza vital a prueba de infortunios y con la confianza de que es posible salir adelante. Salimos con el compromiso de encontrarnos para apoyar cada uno en la medida de sus posibilidades, un ejercicio comunitario de autogestión que les ayudara a crecer como personas a conseguir que niños y mayores tuvieran unas condiciones dignas para vivir.
Esta mañana, camino del trabajo, en Chamartín, me encuentro como una visión deseada, con Juan Masiá. Nos hemos dado un abrazo. Hemos sacado esa “memoria” que dejan los encuentros, que vivifican. Nos hemos contado algo de nuestras vidas. Y me dice que en Tokyo, trabaja con nuestra hermana Rosina, en la pastoral de inmigrantes y que es ella la que predica la homilia en portugués. Lengua, que el no habla.
Su vida de reflexión y apostólica es toda ella, un cuidar la vida, como titula su libro, y el grupo de voluntarios que sueñan unas condiciones mejores para el gallinero, no hacen más que cuidar la vida.
Anoche y hoy, los voluntarios del Gallinero y Juan Masiá han puesto en mi, un gran deseo, de cuidar la VIDA.
He recordado: ” He venido para que tengais VIDA”
P. Soler.








