He conocido a Elena González Negrín “virtualmente” y yo diría también “providencialmente”, uno de esos regalos que nos ofrece internet y me ha parecido interesante que nos cuente algo de su experiencia.
¡Bienvenida, Elena, a ésta “tu casa”, que es la web de las Hijas de Jesús y gracias!.
¿Podrías darnos, en primer lugar, algunos datos de tu persona?
1. ¿Dónde naciste?
Nací hace 24 años en las Islas Canarias, concretamente en la isla de La Palma, en un pueblo pequeño llamado Villa de Mazo. Tuve la suerte de nacer en un lugar y en una familia humilde y, sobre todo, sencilla.
2. ¿Qué has estudiado y dónde?
Pues, elegí estudiar una carrera a la que verdaderamente me sentía llamada y lo hice consciente de que quería poner todo el corazón en ella. Estudié la Diplomatura en Trabajo Social en la Universidad de La Laguna (2006-2009) y, después de algunas experiencias y encuentros con algunas personas que me marcaron, estudié un Máster en Cooperación al Desarrollo, Gestión Pública y de ONGD`s en la Universidad de Granada (2011-2012)
3. ¿Has hecho alguna otra experiencia de voluntariado?
Sí…En Tenerife he sido voluntaria de Cáritas Diocesana en un barrio periférico de la ciudad, haciendo atención social base y talleres para mujeres en situación de exclusión. También he colaborado con algunas ONGs y pastorales en acciones de duración más corta. Y como experiencia de voluntariado internacional en 2008 participé en Bolivia, Cochabamba, en un campo de trabajo para jóvenes organizado por las Dominicas Misioneras de la Sagrada Familia.
4. ¿Cómo has llegado a ese lugar donde ahora te encuentras?
Brevemente diría que soñándolo y deseándolo mucho. En 2007 (siendo estudiante de Trabajo Social) asistí a una charla sobre Amazonía que daba Fernando López sj, y aunque ya soñaba con tener una experiencia fuera, quedé inquieta con la realidad del pueblo amazónico.
Después de terminar la carrera, haber tenido una experiencia de voluntariado en Bolivia y encontrarme con gente como Fernando, que verdaderamente encarna esa idea de justicia en la que acredita, decidí estudiar algo relacionado con cooperación. Entré en la selección de alumn@s del Máster en Cooperación al Desarrollo de la Universidad Granada, dentro del cual (a través de la Junta de Andalucía) se ofrecía una beca de prácticas en terreno para cada alumn@.
Dentro de este máster el alumnado elige un tema sobre el que hace una pequeña tesina, en mi caso decidí analizar, desde una perspectiva legal y ética, la vulneración de derechos de los pueblos indígenas de la Amazonía, concretamente el caso de Belo Monte. Aprovechando esta temática del Trabajo Fin de Máster solicité hacer las prácticas aquí, a pesar de que España no coopera oficialmente con Brasil.
Entonces, llegué aquí soñando y con suerte, con suerte porque todavía existen iniciativas que facilitan este tipo de experiencias de aprendizaje.
5. ¿Puedes decirnos algo de tu experiencia ahí, aunque aún lleves poco tiempo?
Todavía no hace dos meses que estoy aquí, verdaderamente es poco tiempo… pero creo que podría decir muchas cosas.
Cada día que pasa es un regalo. Por eso me da miedo no estar con todos los sentidos alerta, no quiero que se me escape nada. Todo es novedad y, cuando parece que consigues adaptarte acontece algo que dice todo lo contrario.
Algo en lo que he pensado mucho estos días es que la novedad tiene dos caras, por un lado, es una suerte vivir algo así, una suerte porque todo, lo bueno y lo no tan bueno, deja enseñanzas, enseñanzas que reconoceré con el tiempo. Por otra parte, la novedad como consecuencia de ser extranjera, solamente experimentándolo comprendemos lo que supone: encontrarse en una cultura diferente, con unos esquemas y ritmos vitales distintos, haciendo esfuerzo para saltar la barrera de la lengua. La novedad y la vulnerabilidad.
En este primer tiempo, he estado por Manaus haciendo alguna salida hacia el interior, a área indígena. En la ciudad vivíamos hasta hace muy poco inseridas en un barrio de palafitas que se quemó a finales de noviembre, y lo que quedó ha sido derrumbado para dar comienzo a un proyecto de urbanización que tiene el gobierno de Manaus.
Ahora me encuentro en Roraima, con la intención de conocer alguna comunidad indígena, conocer su modo de vivir, sus costumbres y las situaciones de vulnerabilidad en las que viven, las amenazas principales que encuentran, etc. Conocer, en definitiva, su realidad.
6. ¿Qué valores, aprendizajes, vivencias… destacarías porque te han producido un impacto mayor?
Soy una mujer de procesos lentos y todavía no hace dos meses que estoy aquí. Es decir, creo que con el tiempo las cosas tomarán otro color y seré consciente de lo que estoy viviendo cuando sea capaz de mirar lo acontecido con una distancia temporal y, tal vez, espacial.
Ahora bien, los viajes externos tienen como consecuencia directa viajes internos. En palabras de la filosofía del Equipo Itinerante, itinerar a las fronteras físicas y a las fronteras simbólicas. Es estos viajes donde, sin hacer nada, inevitablemente acontece un proceso de aprendizaje, simplemente estando y contemplando. La realidad golpea en el centro del pecho, activa emociones y remueve entrañas, provoca encuentros y desencuentros entre la realidad de la que una viene y la realidad a la que llega.
La realidad que me acogió se presentó como un espacio impactante, que constantemente me ha conducido a una reflexión: las dualidades en las que vivimos. Norte y Sur. Pobreza y Riqueza. Blanco y Negro. Río lleno y vacío. Muerte y Resurrección. Realmente, esta es una realidad de contrastes, la vida era distinta fuera del barrio de palafitas, la gente se encontraba otro mundo al entrar allí. Para mi sorpresa todo podía ser más impresionante. A la vuelta de un viaje a zona indígena, un incendio había acabado con la mayoría de las casas del barrio, historias de vidas que una a una tan sólo permanecen en cenizas. Nuevamente situada ante otra dualidad: indígena y urbano. Un pueblo que a muchos kilómetros de distancia, vive de lo que pesca y caza, casi al margen de ese sistema económico depredador que hacina a las personas en una pobreza indigna en los barrios periféricos de la ciudad.
En medio de toda esta realidad, que a veces parece que se escapa ante mis sentidos, que paraliza mis manos y me deja boquiabierta, me llegan noticias de lo que sigue aconteciendo al otro lado del Atlántico. La palabra maléfica que dejé al venir, sigue amenazando con desahucios y desempleo, la palabra que amedranta a mi gente es “crisis”. Ambas realidades parecen que están muriendo, que están quedando en cenizas: víctimas de un sistema del que todos somos parte, de un modo de vida que hemos mamado desde que nacimos. Tal vez sea por esto, porque está en nuestro inconsciente, por lo que nos cuesta salir de él.
También este tiempo me está dando una lección fuerte en esa mentalidad de “hacer, hacer y hacer…”. Los ritmos aquí son otros y culturalmente es un cambio brusco, cambiar el “hacer” por “dejarse hacer”. La vida se convierte en pedagoga, enseñando que a veces nos preocupamos por cosas que por mucho que queramos no podemos controlar. Una lección al respecto de los ritmos cotidianos, de las programaciones, y de la relevancia de nuestras preocupaciones y, la importancia de poner los medios que verdaderamente se pueden poner para alcanzar nuestros objetivos. Aceptar que “lo que sucede conviene”, intentar comprender y aplicar que “la felicidad es una actitud”. No obstante, no es tarea fácil, es un desafío que la vida me está presentando.
7. Estando allí, ¿qué nos dirías a los que vivimos y trabajamos en Europa?
Aprovechando este tiempo en que tanto se ha hablado del final del mundo, creo que es momento de pensar seriamente en un tiempo nuevo, un tiempo de recomenzar, de construir otro modelo de vida, de consumo, de relaciones…, repensar este sistema que se agota, se caduca y nos ahoga, reconstruir un mundo donde las relaciones sean verdaderamente justas. Y para eso, creo que es necesario modificar algunos esquemas mentales, que se tienen que reflejar en acciones cotidianas. Es decir, salir de ese esquema que nos hace pensar que somos el centro del universo y que eso se refleje en nuestra vida ordinaria, en lo qué consumimos, en la cantidad, en cómo nos relacionamos, en cómo gestionamos nuestro tiempo, en nuestras preferencias… Creo que la manera de alcanzar grandes cambios, es comenzar a cambiar a nivel local, en palabras de Galeano “mucha gente pequeña, haciendo cosas pequeñas puede cambiar el mundo”. Y ahí, la palabra que precisamos encarnar es la de compromiso, comprometernos con un cambio aunque sea difícil, porque no es fácil cambiar estructuras que están en nuestro inconsciente rutinario.
8. ¿Cómo tender puentes para ayudarnos de una frontera a la otra?
Siguiendo el modo del equipo itinerante, convencida de esa perspectiva, creo que es momento de unirnos, de crear redes, de apostar por lo interinstitucional, de sumar fuerzas de este y de ese lado, conectar nuestro trabajo, complementar nuestras capacidades, ayudarnos con nuestros puntos débiles, laicos y religiosos, de unas y otras confesiones, de manera que somos muchas personas interesadas en construir otro mundo y lo ideal es hacerlo juntos.
Asimismo, creo que es importante considerar esa idea de tender puentes. Esto es, se trata de tender puentes, de tejer redes, de construir relaciones igualitarias, donde cada quién es dueño de su propio proceso. A veces, caemos en una tentación de querer un camino, un modelo único de ayuda que, inconsciente o conscientemente, imponemos. En este sentido, me parece importante que sea la propia persona quién decida su ritmo y aquellas situaciones en las que se siente más vulnerable.
9. ¿Quieres añadir algo más? Sabemos que han estado dos hermanas nuestras también con ustedes en su experiencia apostólica de primera etapa de juniorado y eso nos alegra mucho.
Sinceramente, este mes de convivencia con Eva y Belkys (en las fotos) ha sido un tiempo muy rico, de compartir y hacer comunidad, de experimentar otro modo de vivir. Ha sido muy bonito porque ya conocía el blog de vivirfi pero, nunca había conocido a ninguna religiosa Hija de Jesús. Este tiempo con ellas, de verdad, ha sido un regalo.
Simplemente, añadir que continúo en el camino aprendiendo, a veces con miedo de no tener los sentidos bien abiertos porque no quiero que nada se escape.
Y por último, agradecer. A ustedes la posibilidad de compartir en este espacio un poco de esta experiencia. A la Universidad de Granada, el CICODE y la Junta de Andalucía que ofrecen la posibilidad de vivir la experiencia, a Entreculturas que la apoya y respalda; y a las instituciones que acogen, acompañan y se convierten en familia: CIMI y Equipe Itinerante. Y por otro lado, amigos, amigas y familiares, que tantas búsquedas han acompañado, que desde lejos siguen estando, apoyando, compartiendo la vida de ese y este lado.
Muchas gracias, Elena, por tu tiempo y sobre todo por tus ricos aportes que nos ayudan a acercar nuestras respectivas fronteras …
Gracias, nuevamente, a ustedes.








