A Cristina Romero le sorprendió que en el comedor de la escuela de su hijo, en la localidad de Fortià (Girona), todos los alumnos, cualquiera que fuera su edad, recibían las mismas raciones. “¿Come las mismas croquetas un chico de Sexto que uno de Primero? No. Pues las que sobran, se tiran”, se lamentaba justo hace un año, poco antes de decidirse a empezar una campaña contra el despilfarro de alimentos en los comedores escolares que la llevará a reunirse este miércoles con varios diputados en el Congreso, y que, de entrada, ya ha conseguido un cambio: que en su colegio ajusten las raciones a las necesidades de cada alumno.
“No puede ser que con la crisis que estamos sufriendo, con gente que no se puede llevar nada a la boca, desperdiciemos tantos alimentos”, defiende Romero. España es el sexto país de la UE que más comida desperdicia en general: 7,7 millones de toneladas al año, o lo que es lo mismo, 170 kilos por persona. ¿Pero cuánta comida aprovechable se tira a la basura en los comedores escolares? No hay datos, pero sí un cálculo realizado por el Ministerio de Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente: si cada alumno desperdicia de media 100 gramos de alimento, y hay 770.500 escolares a diario en los comedores, se desperdician 14.000 toneladas por curso.
¿Cómo puede ser que sobre tanta comida? El mismo estudio del Ministerio identifica algunas causas: desde las más imprevisibles, como el número de comensales –siempre varia un poco la cifra de quienes se quedan a comer en el colegio–, hasta otras más enmendables: ajustar la cantidad de comida a las edades, mejorar la calidad de la comida, la supervisión por parte de los adultos y, en algunos casos, ampliar el tiempo dedicado a comer para los que van más lentos.
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