La Iglesia celebra el 1 de Noviembre la fiesta de Todos los Santos, aunque en algunos lugares ella queda eclipsada por la del día siguiente (Difuntos), pero en algún sentido las dos se identifican o solapan.
Ésta es la fiesta de todos los amigos de Dios
Ésta es la fiesta de todos los amigos de Dios, hombres y mujeres que nos han precedido y que han hecho posible que seamos lo que somos. Les damos gracias por haber sido portadores de la vida de Dios: de su herencia heredamos, con su voz cantamos, de su viva recibimos Vida, con Aquel que es un Dios de Vivos, no de muertos (cf. Mc 12, 27).
En sentido estricto la Iglesia celebra a los santos cristianos, y en especial los canonizados. Pero en un sentido extenso se puede ampliar el abanico simbólico, para hablar en general de los mediadores sagrados.
Santos son los testigos de la vida, es decir, los mártires: aquellos que (muriendo o sin morir) mantienen en el mundo el testimonio de los valores de la humanidad, de la fe en los demás, de la honradez moral. Por eso podemos presentarlos como testigos de la vida, del valor de una vida que se expresa no sólo en hombres y mujeres como Jesús o los grandes profetas, sino en una multitud inmensa de gentes que han sido y siguen siendo portadoras de valores humanos, una “nube de testigos”, como dice la carta a los Hebreos, cap. 11.
Santos son los portadores de vida, hombres y mujeres que han querido vivir, simplemente eso; que han aceptado la vida y la han expandido, que beben del gozo de la tierra y que ayudan a beber a otros, sabiendo que la vida es don, regalo que compartimos, todos, todos, en el mundo. A ellos les recordamos, por ellos vivimos. Somos en gran parte aquello que nos han legado los que han vivido ante nosotros: por eso les recordamos con agradecimiento.
Hay algunos especiales, a quienes solemos llamar santos, por su especial luminosidad, por su valor moral, por su presencia compasiva, por su esfuerzo callado al servicio de los demás. Entre ellos podemos contar a San Francisco, San Ignacio, Santa Cándida. Quizá no podamos definirlos, pero vivimos por ellos. Por eso, un día como hoy, agradecemos su presencia y vivimos de su gracia. Estamos inmersos en un mundo de ángeles y santos, de poderes de vida… Somos portadores de la santidad de Dios, de su belleza. Hoy es la fiesta de los Santos.
“Y santos cotidianos, con los que convivimos, que nos animan, que son compañeros, que denuncian, que son testigos. Gracias a todos los que en el día a día nos hablan de Dios sin palabras.”












