Si buscamos la palabra FELICIDAD en el diccionario, una de las definiciones que encontramos es la siguiente: estado de grata satisfacción espiritual y física. Y la pregunta que nos viene a la cabeza nada más leerla es cómo llegar a ese estado de grata satisfacción en nuestra vida.
Muchas veces, los jóvenes, nos obsesionamos en conseguirla y nos olvidamos de vivirla. A lo largo de nuestra vida, hacemos muchas cosas que nos hacen sentir una felicidad momentánea, pero que acaba desvaneciendo. Por ejemplo, hay personas que son felices viajando, haciendo actividades relacionadas con el arte y la cultura, practicando deporte, saliendo con sus amigos, compartiendo tiempo con su familia…(son muchas y muy variadas las situaciones que nos pueden hacer sentir felices). Sin embargo, cuando deben decir si son felices en su día a día, suelen decir que no porque tienen problemas o dificultades, les gustaría que su vida fuese diferente, echan de menos a algún ser querido que han perdido….
Y es que a veces se nos olvida que la FELICIDAD no consiste en tener una vida fácil, sin problemas en la que siempre hacemos lo que nos gustan y ocurre aquello que deseamos, sino en AMARLA tal como se presenta y dotarla de SENTIDO. La vida en sí es un DON que hemos recibido y debemos agradecer. Y desde mi humilde opinión, quizá la pregunta que nos deberíamos hacer es “¿Cuál es el sentido de mi vida?” Porque cuando damos respuesta a esta pregunta, encontramos ese fundamento sobre el cuál edificar nuestra casa y al cual orientar todos nuestros actos. A partir de ese momento, parece que todo cobra sentido.
Una amiga me dijo en una ocasión que en la vida vale la pena tomar decisiones y arriesgar para conseguir nuestros sueños, siendo conscientes de que en el camino nos vamos a encontrar dificultades. Ese consejo me hizo pensar mucho a cerca de mi VIDA y cómo quería vivirla.
Busqué mi fundamento, aquel que se encuentra en mi yo más profundo y analicé si vivía en coherencia con él. Descubrí cuál es el sueño que Dios ha puesto en mí y hacia el cual quiero orientar mi vida, al mismo tiempo que descubrí que ese sueño se va concretando y haciendo realidad en mi día a día, en el trabajo, en casa, con mi familia, mis amigos, en las pequeñas cosas… Me di cuenta que tenía que empezar a construir esa FELICIDAD viviendo en coherencia entre lo que deseo, pienso y hago porque sólo así se consigue ese estado de grata satisfacción espiritual y física.
Me atrevería a decir que cuando uno vive en AUTENTICIDAD, consigo mismo y con los demás, siendo consciente de sus limitaciones y encaminando todos sus actos hacia ese sueño que orienta su vida y la dota de sentido (aunque no lo alcance) desde una mirada de AMOR y MISERICORDIA ante su realidad y presente, consigue vivir su FELICIDAD.
Para finalizar me gustaría compartiros unas líneas de un texto que llegó a mis manos hace unos días y que resumen brevemente aquello que he querido trasmitir:
- Felices quienes pueden ver y valorar los pequeños-grandes milagros que se producen cada día en nuestro mundo, desde el amanecer hasta la puesta del sol.
- Felices quienes descubren al atardecer de cada día qué es lo necesario y qué lo superfluo en su existencia.
- Felices quienes se conmueven y luchan por eliminar la miseria, el odio y la injusticia.
- Felices quienes han descubierto que la pobreza no libera, pero los empobrecidos sí.
- Felices quienes siguen soñando, recuerdan sus sueños e intenta hacerlos realidad.







