La tarde del 20 de junio, en el emblemático estanque del Parque del Retiro de Madrid, se podían ver chalecos no homologados flotando en el agua, barquitas con pancartas en las que podía leerse “UE MATA” o “MEDITERRÁNEO FOSA COMÚN” y la recreación de una valla coronada por alambre de espino. El motivo: “rendir un sentido homenaje a quienes siguen desobedeciendo esas fronteras que se hacen muros inexpugnables para los senderos de norte a sur“, como así han explicado los organizadores de la acción, la Red Solidaria de Acogida, en la lectura del manifiesto.
En esta particular orilla que recuerda a la del mar Mediterráneo, esa que tantas vidas han soñado con alcanzar para buscar refugio en Europa, también se recreaba otra dura realidad de las trágicas consecuencias que generan la falta de vías legales para acceder a países donde estar a salvo. Allí, se levantaba la recreación de 27 tumbas con la intención de recordar a las víctimas de las fronteras que están marcando la historia reciente de Europa y que empuja hacia el abismo la defensa de los derechos humanos. En ellas se podían leer los nombres del pequeño Aylan Kurdi, de Samba Martine, que murió en el Centro de Internamiento de Extranjeros de Aluche, de Haifa o Samira que huyeron del horror en Siria y perdieron la vida tras un naufragio en el Egeo o de Armad y Douda, víctimas de la tragedia del Tarajal en febrero de 2014.
Quienes pasaban por el transitado paseo del madrileño parque, atraídos por la escena, se paraban, al menos, un instante. Como la de una madre y su hijo atrapado por la curiosidad. “Mamá, ¿quién ha muerto? -Nadie hijo, aquí nadie”. Una contestación que a más de uno le hará recordar los versos de Galeano, ‘Los nadies’.
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