Muchos hemos recibido esta carta que aunque parece personal describe parte de la labor que realizan nuestras hermanas en Gauchupita. Santo Domingo, República Dominicana. No me resisto a compartirla con todos, le he pedido permiso a Silvia y no me ha respondido por lo que abusando de su confianza y sintiendo mío, nuestro, el trabajo de la Comunidad Santa María de la Lucha, agradecemos desde FASFI su presencia y acompañamiento a los niños, jóvenes y familias de este barrio.
“Mi querida familia y amigos: he decidido compatir en un correo conjunto lo que estoy viviendo en GUACHUPITA y en LA CIENAGA, estos barrios de Santo Domingo. Me gustaría personalizar cada correo pero es imposible y también me gustaría que cada uno recibiera un fuerte abrazo desde esta isla que me está transformando.
Llevo aquí desde el 10 de enero. Yo misma había dicho en algún momento que me gustaría este lugar para hacer la experiencia apostólica porque es una comunidad inserta entre los más pobres.
Y aquí estoy. La comunidad está formada por 5 hermanas, aunque una está en la frontera con Haití en una extensión apostólica, lugar al que ya fui dos veces y al que desearía volver antes de irme. Nuestra casa es super sencilla y a veces ya no é distinguir si los vecinos están dentro o fuera. Pero cuando te acostumbras al ruido, a la música constante, a ninguna comodidad acostumbrada… pues es un lugar acogedor.
Por las mañanas estoy en la escuela de La Ciénaga, otro barrio más pobre que donde tenemos nuestra casa. Voy andando con una de las Hijas de Jesús, Eduviges. Con todas las prevenciones: sólo llevo los pendientes y el signo de novicia. Nada más. Ni mochila, ni anillos, ni pulseras. Nada de nada. Algo de dinero en el bolsillo, un pañuelo y las llaves. En el camino,nos vigilan. Soy blanca, extranjera. Blanco fácil para los “tigres” (delincuentes). Y si me voy sola o vuelvo sola… en “motor”. Es decir… agarraos! En una moto-taxi. Intento siempre ir con el mismo hombre, que me da seguridad. Aquí la gente se desplaza en moto. La verdad es que es para que me hagan una foto porque sé que algunos ni os lo creereis.
En la escuela… buf. Yo, tan acostumbrada a la organización, pues me encuentro con esta realidad dominicana que para mí es una desorganización, pero a ellos les ayuda. A veces hay tanto tanto tanto ruido que es increíble que los niños aprendan algo. Digo yo que ¿¿¿cómo no van a tener problemas de atención? Pero es que esto va con la cultura.
Yo me dedico a evaluar el aprendizaje de los niños. Es tremendo! Tienen cada realidad! Hace unos días evalué a una niña de 13 años que no reconoce ni las vocales y está en 6°. Le pedí que siguiese un cuento que yo comienzo y de repente la niña hiló con su vida y me contó su historia. Su padre se murió de pequeñita, tenía un problema de riñón. Y en diciembre se quemó su casa y se murió un hermanito. Hoy vino a verme y me decía que estaba triste pero que no sabía porqué. A mí todo esto me transforma por dentro de alguna manera.
El jueves pasado fui a casa de una niña, Frangelis, porque hacía días que no venía a la escuela. Nos acompañó otra niña porque La Ciénaga es un laberinto, también peligroso. Por el camino esta niña nos fue contando que el padre de Frangelis le pega mucho, que saca un machete cuando bebe (los fines de semana al menos), que le pega a la mujer y que en elbarriole tienen miedo.A Frangelis nos la encontramos por el camino, medio llorando. Está en 3° de ¿Primaria? No quiso venir a su casa. Así que nos fuimos solas a la casa. Estaba abierta pero sin nadie. Un lugar tremendo que no da ni para describir. 4 palos, un caos, todo tirado, sucio. Porque aquí, muchas casas son pobres pobres pobres pero oye, están limpitas y ordenadas y parecen más de lo que son. Lo curioso es que aquí la puerta era “reciclada” y ponía “el 4% para la educación”. En ese momento quise tener la cámara de fotos para que TODOS pudiérais ver esto.Pero no puedo salir con ella, me la robarían. La madre de Frangelis no se sabe dónde estaba. Y la niña volvió a la escuela al día siguiente, ella solita, y se le veía un poquito más contenta. Estoy segura que fue porque alguien se preocupó por ella.
Por las tardes llevo un coro de niños en la escuela, doy clases a dos mujeres, a Samuel y me dedico a leer.
Las Misas son en una Iglesia nueva que hay en la Ciénaga pero 1 vez a la semana se celebra en las casas. La semana pasada íbamos Eduviges y yo y se puso a llover. Caminamos y caminamos porque huíamos de los charcos, por miedo al cólera. Vueltas y vueltas. Llegamos a la casa 3/4 más tarde. Vi cómo barrían el agua, aquí barren la calle con una escoba de las típicas de casa nuestra. INCREÍBLE. Al llegar a la casa las mujeres habían comenzado una celebración de la Palabra. Y allí me vi, en la vida de estas mujeres que VIVEN, que LUCHAN, a muchas les han matado un hijo, otras han sido violadas, la mayoría maltratadas por el marido. Viven una pobreza tremenda.
El sábado pasado me pasé toda la tarde con Eduviges visitando casas y casas. En una la mujer, María, nos sacó un jugo. Esas casitas, la suciedad, y yo tomándome aquel jugo que tan cariñosamente nos quería brindar. Visité un salón de belleza, una peluquería de las nuestras, pero imaginaos! Estuve en un velorio. Más calles. Niños hermosos. Sonrisas. La música altísima. Los tigres (los delincuentes) observándome… Es imposible describir todo, hay que verlo, sentirlo, verse en el medio de estos poblados. Contagiarse de la alegría de esta gente y descubrir la enorme pobreza material. Pero oye, el evangelio fue revelado a los sencillos. Aquí comparten de una forma que se te pone la piel de gallina porque a estas mujeres, a muchas, les han matado algún hijo, o su marido las maltrata, o está criando a hijos, nietos, etc… y sin nada que comer.
En unos minutos vendrá Samuel. Un niño de Guachupita que se pasa el día solito. A su padre lo mataron en la cárcel. Su madre trabaja desde las 6 de la mañana hasta las 9 de la noche. Le ayudo a leer y escribir.
Por llega. Otro día más. CUENTO CON VUESTRO RECUERDO!
Un abrazote”
Silvia








