En Burkina Faso, una enfermedad debida a la malnutrición desfigura a los niños. Un equipo médico de voluntarios, organizados por la ONG francesa La Chaine de l’Espoir acude para realizar operaciones de cirugía reparadora.
La raíz etimológica del nombre Noma habla por ella misma: viene del griego numein, que significa devorar, roer. Es una enfermedad de otros tiempos, una de esas que no pensábamos pudiera existir en el siglo XXI. Enfermedad de la miseria, afecta principalmente a los niños de menos de 10 años que sufren malnutrición y falta de higiene bucodental.
Unos 100.000 niños estarían afectados cada año, principalmente en el oeste de África ( Niger, Nigeria, Burkina Faso) pero también en la India, según la Organizacion mundial de la salud (OMS). En Europa los últimos casos censados se observaron en niños de los campos de concentración durante la Segunda Guerra Mundial. El noma afecta a los más pobres de los pobres.
“De origen multibacteriano debuta habitualmente como una pequeña herida en la boca. Seguidamente esta herida se gangrena y se propaga en menos de 10 días devorando la piel, los huesos y los músculos de la cara”, explica el Dr. Emparanza, cirujano procedente de San Sebastián. Cuando estos niños no son tratados pueden morir rápidamente de septicemia. ¡La tasa de mortalidad del Noma es del 80-90 %! En Burkina Faso los cuidados médicos son de pago y, por tanto, inaccesibles para los pobres. Podríamos decir inaccesibles para una gran parte de la población: el país, con un PIB por habitante de 710 dólares por año, sigue siendo uno de los más pobres del mundo, ocupando el lugar 165 de 184 según el Banco Mundial. Por lo tanto cuando la enfermedad es tratada se cura, diez días de antibióticos y unos enjuage bucales diarios son suficientes para detenerla.
Pero los supervivientes a menudo quedan desfigurados de por vida. “Incluso para un médico la secuelas de Noma son impresionantes. Estamos más o menos acostumbrados a ver pérdidas de tejido o deformidades, pero ver secuelas de una infección que llega a producir semejantes destrozos… esto es muy impactante”, reconoce el Dr. Emparanz,a quien comenzó las intervenciones de cirugía reparadora en las víctimas de secuelas de Noma con el Profesor Zwetyenga a principios de la década del 2000 en Etiopía, Nigeria y Costa de Marfil, antes de llgear a Burkina Faso. “Se aprecia en la expresión de estas personas desfiguradas por el Noma, una gran tristeza interior, como si no hubieran tenido nunca la posibilidad o las ganas de sonreír. Tenemos la impresión de ver algo inanimado”.
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