Hay demasiadas realidades de injusticia en un mundo que produce el doble de alimentos que los que necesita. También en nuestra sociedad en más de 550.000 hogares no se recibe ningún ingreso. Las sociedades que cuentan con un mayor grado de cohesión interna y equidad son las que mayor solidaridad despliegan con otros países y pueblos empobrecidos. No creamos que los indiferentes con la desgracia lejana van a ser misericordiosos con la cercana.
Es posible el cambio local y la denuncia global pero no es fácil ni milagroso. Si le venden en estas Navidades apadrinamientos a euro entre colonias y juguetes, si le dicen que con un click puede salvar vidas: no se lo crea del todo. La solución es menos superficial y también más humana. El maldesarrollo tiene raíces tan hondas que necesitamos darnos y no sólo sirve dar dinero.
Si le dicen que no hay recursos para todas las necesidades o que los culpables son los pobres porque sostienen a sus gobiernos corruptos o porque no son emprendedores: no se lo crea tampoco. La mayor energía creativa del mundo está entre la gente que lucha cada día para salir adelante en un entorno que usted y yo no duraríamos ni una noche.
¿Quién será la próxima Rosa Parks, que tal vez 56 años después, al salir de una escuela de educación popular se niegue a que se vean pisoteados sus derechos? ¿Dónde está el Peter Benenson que les escriba a los “prisioneros olvidados” de hoy en día y encienda las velas que hagan esta oscuridad menos tenebrosa? No diga que no es posible, más bien es que no somos suficientes intentándolo del modo necesario: ¿te sumas?







