Cuando me pongo delante del Señor y escucho, estos dias: “PERMANECED EN MI” Es un ruego, que toda mi persona escucha conmovida. Lo lleva repitiendo desde el domingo.
Despues Jesús sigue :” si permaneceis en mí, dareis frutos”. Sé, que la experiencia de Dios, es la que puede sostener y dar sentido a mi vida. Pero muchas veces me pregunto: ¿Que, frutos?
Me acerco a Javier Baeza o a Sara o a Carmen, mujeres sencillas, que viven para los demás, compartiendo su pobreza. En su casa caben hijos que han quedado sin padres. Sin papeles, les han ayudado a crecer. Madrugan y levantan a niños, que viven en chabolas, les dan el desayuno, que llevan tambien y les acompañan y despiden al autobús, que viene a recogerlos para llevarlos de la chabola al Colegio.
¿Son frutos del Reino? ¿Como puedo hacer yo, que la experiencia de Dios que vivo, sea fruto encarnado?
A Javi, le han llamado la atención: se preguntan si algunas cosas de las que realiza, son fines de la Iglesia.
He leido despacio la lista. Y no sé si son fines de la Iglesia. Lo que si sé, es que son fines del REINO.
He terminado con una súplica al Señor: Quiero permanecer en Tí !, quiero permanecer en tu Reino ! Ayúdame a dar frutos de Vida. Vida para los que carecen de las mínimas condiciones para ello. Desde mi ser de Hija, llevo a todos mis hermanos empobrecidos conmigo. ¡Ayúdame a repetir las prácticas del Reino Señor, las prácticas de la dificil abnegación de mi hermano sacerdote Javier. De los pasos sin letras de Sara y Carmen.
Por eso, a veces camino y soy tumulto: Paises, barrio, parroquia, cáritas,los niños del “gallinero”, los amigos antidesahucios, los voluntarios que se nos van este verano a distintos lugares, los colaboradores de todas las Delegaciones, las “batucadas” de la comunidad de la Preciosa Sangre, con todos estos y más…entro cada mañana al pequeño oratorio y tengo que abrir la ventana, me parece que no quepo.
Voy a repasar la lista. Voy a repasar mi dia. Voy a repasar el capitulo 15 de San Juan. Me sumerjo en todo esto, y lo que puede parecer un caos, se transforma en paz y profunda alegria.
Siento de nuevo sus palabras: “Permaneced en mi”. Es Él, el que nos busca y nos solicita y lo hace de forma directa, interior, profunda. Y lo hace en cada persona que necesita recobrar algo de humanidad. ¡Señor no me dejes. Repasa conmigo la lista, dame ojos que vean, oidos que oigan, pies, que acudan donde Tú estás.
¿Son fines de la Iglesia? ¿Son fines del Reino?
* son fines de la iglesia escuchar a una mujer que tiene miedo porque la van a operar de un cáncer por segunda vez, intentándola consolar y animar?
* son fines de la iglesia participar y acompañar, hoy, a las mujeres en la calle para reclamar sus derechos y dignidad pisoteada?
No quiero cansar más con muchas preguntas que me podría hacer. Tengo la copntestación para todas ellas. Con vértigo, pero sin miedo, las hemos ido dando respuesta.
Y tú cómo lo ves?







