Compartimos la ponencia de Enaceyla Cárdenas FI, el día del envío de las voluntarias, el pasado 22 de mayo.
Por fin ha llegado el día de conocerlos, de tener mi primer contacto con ustedes y en fecha tan significativa como es el envío a otras tierras, a otras culturas, haciendo realidad el deseo que muy posiblemente traían dentro y que hoy se concretiza en una opción de servicio a los más pequeños.
Permítanme que hoy me dirija a ustedes como ciudadana del mundo, como Hija de Jesús que, junto con mis hermanas y con tantas personas que hacen camino con nosotras, comparte y participa de la misión universal de la Iglesia de “ ir a evangelizar, a llevar la Buena Noticia de Jesús a los pueblos más necesitados, como lo experimentó la M. Cándida y que hoy la Congregación continúa priorizando, a través de su acción evangelizadora, en fidelidad al legado espiritual que hemos recibido y con la conciencia de que este carisma es de la Iglesia.
Recientemente volvíamos a reafirmar que las Hijas de Jesús somos para ir… en unión con otros. Y en la Determinación de la CG XVII ha quedado plasmada esta interpelación del Espíritu que nos ha confirmado que necesitamos crecer en comunión con todos. Trabajar en colaboración y solidaridad con otros hace presente el Reino, enriquece la misión, amplía el horizonte y favorece la construcción de una sociedad inclusiva e integrada.
Es preciso reavivar la certeza de que la presencia de Dios acompaña las búsquedas sinceras que personas y grupos realizan para encontrar apoyo y sentido a sus vidas. Él vive en el corazón de todo hombre y mujer, promoviendo la solidaridad, la fraternidad, el deseo de bien, de verdad, de justicia. Y ustedes son parte de este grupo inquieto, que no quiere vivir la vida de cualquier manera y por eso deciden no ser indiferentes ante tanto dolor de la humanidad y ofrecer sus personas, parte de su tiempo, capacidades, preparación… para aliviar a quienes más sufren.
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