Las personas que huyen de conflictos armados son cientos de miles en todo el mundo, miles de ellas son niños y niñas. Las refugiadas son personas sometidas a violencias crueles: bombardeos, asedios, huida de sus casas y de su normalidad. Las consecuencias físicas son visibles, las psicológicas inestimables.
Durante los conflictos armados, la salud mental tanto individual como colectiva, tiene alto riesgo de verse afectada no sólo de forma inmediata sino también a medio y largo plazo, situación que se agrava por la poca atención que viene dándose a nivel psicológico desde el ámbito público de forma generalizada, cuanto más, en el caso de los menores.
Dentro de las diferentes formas de maltrato, debemos recordar que existe el maltrato colectivo, social o político, como recoge la OMS en su Informe mundial sobre violencia y salud. El vivir en un conflicto armado, donde además se experimentan dificultades económicas y sociales, se considera que afecta de forma negativa en el desarrollo de la persona en todas sus esferas, y por lo tanto, con más virulencia en la infancia.
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