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El Sínodo se presenta como un momento difícil para la Iglesia y también para el PAPA FRANCISCO. El poder se presenta muchas veces bajo capa de bien. Y FRANCISCO ante los grupos que en ocasiones se oponen directamente a sus enseñanzas, con misericordia pero con valentía, responde. Es momento de orar por la Iglesia, por el Sínodo, por el PAPA.
En medio de este ambiente, el papa ha decidido afrontar directamente la tentación del poder que ronda en el Sínodo. En la misa inaugural del Sínodo el papa ha dirigido palabras incisivas a los padres sinodales. Comentando la parábola de los viñadores corruptos ha dicho: “La tentación de la codicia siempre está presente… La codicia del dinero y del poder. Y para satisfacer esta codicia, los malos pastores cargan sobre los hombros de las personas fardos insoportables, que ellos mismos ni siquiera tocan con un dedo”. Y enfrentando directamente los riesgos de instrumentalización del Sínodo para fines mezquinos, dijo:
“Las Asambleas sinodales no sirven para discutir ideas brillantes y originales, o para ver quién es más inteligente… Sirven para cultivar y guardar mejor la viña del Señor, para cooperar en su sueño, su proyecto de amor por su pueblo. En este caso, el Señor nos pide que cuidemos de la familia, que desde los orígenes es parte integral de su designio de amor por la humanidad. También nosotros podemos tener la tentación de «apoderarnos» de la viña, a causa de la codicia que nunca falta en nosotros, seres humanos. El sueño de Dios siempre se enfrenta con la hipocresía de algunos servidores suyos. Podemos «frustrar» el sueño de Dios si no nos dejamos guiar por el Espíritu Santo.“








