El Papa Francisco ha recordado con motivo del Domund que la Iglesia “no es una organización asistencial, una empresa, una ONG, sino que es una comunidad de personas” que desean compartir con los más necesitados “el mensaje de salvación que el Señor nos ha dado”.
Francisco escribió estas palabras en el mensaje que remitió a los católicos con motivo de la celebración, este domingo, de la Jornada Mundial de las Misiones, una labor que, en su opinión, no resulta fácil. “A menudo, la obra de evangelización
Bajo el lema ‘Fe + caridad = misión’, la Iglesia católica celebra este domingo la Jornada Mundial de las Misiones, para recaudar fondos destinados a desarrollar los proyectos en los que trabajan los misioneros en diversos países del mundo.
El 47% de la población mundial vive en territorios de misión. En ellos, la Iglesia universal atiende a 26.711 instituciones sociales, entre hospitales, residencias de ancianos, orfanatos y comedores, y se encarga de 99.045 instituciones educativas, como guarderías, escuelas, universidades y centros de formación profesional.
Según Obras Misionales Pontificias (OMP), la financiación de todo ello depende de los donativos recogidos en el Domund.
Los datos de OPM también apuntan a que España es “campeona” en número de misioneros, con alrededor de 14.000 enviados a proyectos de misión, entre religiosos, sacerdotes y laicos que trabajan en 130 países.
Texto completo de la alocución del Papa Francisco antes del rezo a la Madre de Dios:
Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!
En el Evangelio de hoy Jesús relata una parábola sobre la necesidad de rezar siempre, sin cansarse. La protagonista es una viuda que, a fuerza de suplicar a un juez deshonesto, logra que él le haga justicia. Y Jesús concluye: si la viuda logró convencer a aquel juez, ¿piensan que Dios no nos escuche, si le rezamos con insistencia? La expresión de Jesús es muy fuerte: “¿No hará justicia a sus elegidos, que están clamando a él día y noche?” (Lc 18, 7).
“¡Clamar día y noche” a Dios! Nos sorprende esta imagen de la oración. Pero preguntémonos: ¿por qué Dios quiere esto? ¿Acaso Él no conoce ya nuestras necesidades? ¿Qué sentido tiene “insistir” con Dios?
Y esta es una buena pregunta, que nos hace profundizar un aspecto muy importante de la fe: Dios nos invita a orar con insistencia, no porque no sabe de qué cosa tenemos necesidad, o porque no nos escucha. Al contrario, Él escucha siempre y conoce todo de nosotros, con amor. En nuestro camino cotidiano, especialmente en las dificultades, en la lucha contra el mal, fuera y dentro de nosotros, el Señor no está lejos, está a nuestro lado; nosotros luchamos junto a Él, y nuestra arma es precisamente la oración, que nos hace sentir su presencia junto a nosotros, su misericordia, también su ayuda. Pero la lucha contra el mal es dura y larga, requiere paciencia y resistencia – como Moisés, que debía tener los brazos alzados para hacer vencer a su pueblo (Cfr. Es 17, 8-13). Y así hay una lucha que llevar adelante cada día; pero Dios es nuestro aliado, la fe en Él es nuestra fuerza, y la oración es la expresión de esta fe. Por eso Jesús nos asegura la victoria, pero al final se pregunta: “Cuando el Hijo del hombre venga, ¿encontrará la fe sobre la tierra?” (Lc 18, 8). Si se apaga la fe, se apaga la oración, y nosotros caminamos en la oscuridad, nos perdemos en el camino de la vida.
Aprendamos, por tanto, de la viuda del Evangelio a rezar siempre, sin cansarnos. ¡Era buena esta viuda, sabía luchar por sus hijos y pienso en tantas mujeres que lucha por su propia familia, que rezan, que no se cansan jamás! Un recuerdo hoy, de todos nosotros, a estas mujeres que con su actitud nos dan un verdadero testimonio de fe, de coraje, de modelos de oración. ¡Un recuerdo a ellas! Rezar siempre, ¡pero no para convencer al Señor a fuerza de palabras! ¡Él sabe mejor que nosotros de qué cosa tenemos necesidad! Más bien la oración perseverante es expresión de la fe en un Dios que nos llama a combatir con Él, cada día, cada momento, para vencer el mal con el bien.
(RV/RD)







