He seguido atentamente la ponencia de Mª Inés. Me ha mantenido en un ir y venir de la Educación a la Cooperación. Sobre todo de la Educación en contextos que en España, en palabras suyas : “si queremos que la educación llegue a todos, tendremos que empezar por los últimos, por aquellos que no seran atendidos si dejamos que el rio siga su cauce. Cada vez que son saciados los que carecen de vida digna y posible estamos poniendo a Jesús en el Centro.”
He disfrutado, pero sobre todo, me ha interrogado mi propia labor en la cooperación. Y he querido traducir sus palabras. No la sigo textualmente, pero creo, que en mi interior, me he abierto a la llamada, que nos hace como Cuerpo, no sólo a los Educadores.
Ahí, ofrezco, más pobre, la lectura que he realizado de su ponencia. La dedico a todos los que trabajamos por la vida desde cualquier horizonte, pero sobre todo a los que desde la fe en Jesus, formamos la FASFI.
LA COOPERACIÓN COMO PROCESO DE EVANGELIZACIÓN
1.- La Cooperación se vive en la vida cotidiana, sin resquicio de rutina, con la esperanza de ser motor de cambio.
2. Cuando la cooperación nos desconcierta, nos lleva a la esperanza. Nos conduce, a experimentar que existe un cambio posible. En cooperación la esperanza se genera cuando nos preguntamos qué podemos recibir de los terceros y cuartos mundos, qué necesitamos de ellos, para realizarnos como seres humanos. Qué podemos recibir desde los pueblos crucificados y periféricos, desde los socialmente insignificantes. El indicador decisivo de la acción voluntaria es que genere esperanza, por la cual las personas receptoras de la ayuda se convierten en sujeto activos, de modo que puedan no sólo recibir, sino también dar. En ese dar y recibir se produce la esperanza.
3. La cooperación la tenemos que hacer todos. Un factor primordial es cuidar la “persona” que coopera. La cooperación surge de abajo a arriba. Descuidar el ámbito de la cooperación es descuidar la cooperación misma, cuidarlo es requisito para construir, crear, imaginar; de otra forma no es una estructura humana y viva. La cooperación tiene que ser inventada a cada hora para que sea digna del ser humano.
4. La cooperación es un modo de vivir y un lugar privilegiado para el ecumenismo. Es proporcionar suelo para caminar usando los pies. Quien anida en la cooperación, vive abierto al mundo con los pies en Jesús que es nuestra tierra.
5. La cooperación es dejarse guiar por el Espíritu de Dios. Hay que concebirla como obra del Espíritu, que nos guía a colaborar con la persona que cada uno pueda ser. Es simplemente estar juntos, sentir y pensar juntos, llorar juntos las mismas lágrimas o sonreír con la misma sonrisa. Se trata de comprender, y al comprender, transformar, transformación que exige una refundación de la responsabilidad personal y colectiva. Es experimentar la vida, para que otros también experimenten más vida, ganar más vida para los demás y ser felices actuando así.
6. ¿Es posible una cooperación en la que el centro sea Jesús? Esto nos lleva a comprometernos con una vida mejor para todas las personas, en especial las que no serán atendidas si el río sigue su cauce. El desafío mayor para una espiritualidad solidaria es abrir las emergencias a procesos largos y sostenidos. Ahí se rompe el esquema asistencial, por el cual unos tienen la solución y otros el problema, unos dan y otros reciben. En la relación solidaría todos entran en juego, el poner a Jesús en el centro nos lleva a una acción creadora; no nos conformamos con instalarnos en la realidad, sino que postulamos que un mundo mejor es posible: el Reino.
7. Necesitamos cooperadores lúcidos y con un gran esfuerzo de pensamiento y corazón. Ser buenos profesionales. Necesitamos fortalecer las redes relacionales. La acción solidaria realiza la transición desde la gestión de recursos hacia la producción de bienes relacionales que se activan en el encuentro entre personas. Necesitamos recuperar la mística de la relación. Hay que asociar gestión y espiritualidad. Una gestión sin mística no nos llevará hasta nuestros deseos. Tendremos que encontrar en la cooperación el camino espiritual de la gestión hasta conseguir una gestión espiritual. No existen usuarios, ni beneficiarios, el resultado de la acción es lo que acontece en el encuentro mismo. Esto se produce por la donación y la proximidad, la comunicación y la personalización, todo ello en el interior de la familia, la vecindad, las comunidades de sentido, la institución, la Iglesia.
8. deseamos una cooperación para la justicia. La justicia es la protección de la dignidad. Los cooperadores somos buscadores que comparten soluciones, logros y desafíos. Dejémonos desconcertar, adquirir nueva mirada. Necesitamos ver de otro modo, sobretodo, con aquellos que con guiones diferentes nos ayudan a desestabilizarnos para seguir buscando.
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