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(José Manuel Vidal).- Día espléndido de luz y sol en Roma, para acoger a más de 50.000 ancianos, en torno a los dos Papas. Porque, en la Plaza de San Pedro, junto a Francisco, quiso estar presente el Papa emérito, Benedicto XVI. Celebrando juntos la gran fiesta de homenaje a la ancianidad. Francisco aprovechó para pedir residencias humanas, “casas y no prisiones”, y para denunciar la cultura del descarte, “auténtica eutanasia escondida.
“Un pueblo que no custodia a los ancianos y no los trata bien es un pueblo que no tiene futuro, porque pierde la memoria y corta sus propias raíces”








