El papa Francisco ha visitado la mezquita central de Bangui para recordar a cristianos y musulmanes que son “hermanos” y pidió a los líderes de la República Centroafricana que se inspiren en el lema del país, “unidad, dignidad y trabajo”, para alcanzar “la reconciliación, el desarme y la paz”. Pero, más que las palabras pronunciadas en Bangui, el verdadero mensaje estaba en su presencia en un país golpeado por una guerra entre cristianos y musulmanes que ha costado miles de muertos y decenas de miles de desplazados.
“Juntos digamos ‘no’ al odio, a la venganza, a la violencia, en particular a la que se comete en nombre de una religión o de Dios. Dios es paz, salam“, afirmó el Pontífice tras mantener un encuentro con la comunidad musulmana en la mezquita.
Los servicios secretos de Francia —país que tiene 900 soldados desplegados— y hasta el propio Gobierno centroafricano habían desaconsejado la visita del Papa, que calificaron de alto riesgo. Quienes lo conocen saben que a Bergoglio ni se le pasó por la cabeza limitar su estancia en África a Kenia y Uganda. Basta recordar aquello que dijo tras su viaje a Río de Janeiro, cuando alguien le advirtió del peligro de andar a cuerpo gentil entre la multitud. “Siempre se puede producir la locura de un loco”, admitió, “pero prefiero la locura de un loco a la locura de un obispo blindado de su pueblo”. En las tres etapas de su primer viaje africano, Bergoglio ha mantenido las tres principales características de sus anteriores viajes: actitud cercana, atención a los más desprotegidos y discursos claros y directos al corazón de los problemas.
Bergoglio les pidió a los líderes locales y el Gobierno de transición “ser un ejemplo para sus compatriotas” y luchar contra la intolerancia. “Se ha de vivir y construir”, explicó, “teniendo en cuenta la maravillosa diversidad del mundo, evitando la tentación de tener miedo de los demás, del que no nos es familiar, del que no pertenece a nuestro grupo étnico”.
El Papa se dirigió al campo de refugiados de Bangui, donde invitó a los presentes a gritar “¡todos somos hermanos!”. Según ACNUR, el conflicto de la República Centroafricana entre la mayoría cristiana y la minoría musulmana ha dejado ya más de 850.000 desplazados, casi una quinta parte de la población.
En su discurso de bienvenida, la presidenta Samba-Panza elogió la “lección de coraje y determinación” del Papa y, en nombre de la clase dirigente, pidió perdón: “Confieso todo el mal que se ha hecho aquí en el curso de la historia y pido perdón desde el fondo de mi corazón; más si cabe tras los últimos actos abominables cometidos en nombre de la religión por personas que se dicen creyentes”. Durante su viaje, Bergoglio insistió en su mensaje tras los atentados de París: matar en nombre de Dios es una blasfemia.








