Guadalupe Romero, FI, tuvo la oportunidad de poder asistir al Foro Social de Ética y Espiritualidad: “El mundo visto desde sus fronteras”, celebrado en Melilla y conocer y escuchar a personas que arriesgan sus vidas cruzando las Vallas de Melilla.. Compartimos su experiencia de la asistencia a este foro.
Fué con el deseo de FASFI, que quiere estar presente en el gran problema de la Inmigración y colabora con la obra que coordina en NADOR Esteban Velázquez S .J.
Cualquier relato que se hace en estos días sobre el tema de la emigración y de las fronteras, debe partir necesariamente del recuerdo y compromiso obligado hacia tantas personas que están dejando sus vidas en las costas del Mediterráneo. Ojalá Europa fuera capaz de asumir, que con sus políticas y fronteras, alimenta a las mafias y traza el destino de tantas personas en el mar.
He participado en este Foro desde el deseo de Fasfi de hacerse presente en esta cuestión sangrante. Y lo mismo deben pensar muchas Congregaciones a juzgar por la cantidad de presencias de Vida Religiosa en él.
En principio, y hasta dos días antes, la programación del Foro estaba pensada para celebrarse en Melilla y Nador. Inesperadamente las autoridades marroquíes denegaron la celebración en su territorio, sin alegar ningún motivo. Las fronteras y sus vallas son una cuestión espinosa, de las que ningún gobierno parece querer asumir responsabilidades.
Esteban Velázquez, jesuita, Delegado de Migraciones de la diócesis de Tanger aunque reside en Nador, promotor de este Foro y de los tres anteriores, así lo dio a entender en sus breves palabras iniciales: “Algo de este Foro ha tocado las fibras del sistema que nos gobierna y eso es una satisfacción. Algo les ha puesto nerviosos. Nuestro mensaje es: no tenemos miedo. La libertad, la verdad y la ternura, son innegociables”.
No estaba incluido en el foro, pero sí en el deseo y antes del inicio del mismo, un recorrido por la valla melillense, ese enjambre de metal instalado al amparo de discursos políticos que alegan motivos de seguridad. También al CETI con sus 1800 personas y problemas de espacio, de agua caliente, de alimentos…
También a la frontera cuyo ambiente está enrarecido, se siente crispación, no se pueden hacer fotos y cualquier tipo de preguntas incomoda. Se cuenta, se dice, que en Melilla entre 1000 y 1500 sirios han pagado pasaportes marroquíes falsos para poder pasar. Tienen derecho a asilo por ser refugiados de su país en guerra. En ese contexto, los sirios se ven obligados a permanecer en el CETI y en Melilla sin saber cuándo se resolverá su derecho de asilo. La situación de los subsaharianos en el CETI, es diferente. Su acceso a la protección internacional se torna imposible con el blindaje de las fronteras hispano-marroquí y la violencia ejercida para impedir su entrada en España.
El tema de los CIES, como herramienta para invisibilizar a los inmigrantes, fue uno de los que tocó el primer ponente, el jesuita Mac Cachia, de Malta y del SJR. “ En Malta las personas tienen vendas ideológicas y sociales en los ojos, que no les permiten ver a las personas que sufren. Los CIES se encuentran en las zonas más alejadas de la isla. Los emigrantes pasan allí hasta 18 meses. Lo único que ven estas personas en un año y medio, son rejas(…) Los CIES conducen a los emigrantes a los puntos ciegos de nuestra sociedad, de manera que el contacto entre estos y sociedad maltesa se produce sólo a través de los medios de comunicación que hablan de su llegada o naufragio. Esto genera una segregación espacial y es el origen de la mixofobia”
Como proyecto: salvar vidas; buscar alternativas, si no las hay la gente seguirá arriesgando; fundamental una política europea.
Como se trataba de las fronteras del mundo en las que el problema de fondo es el mismo, aunque las diferencias sean muchas, tuvimos la suerte de oír, de gente muy preparada, lo que pasa en Palestina e Israel; en el Próximo Oriente; en Haití y Santo Domingo; en Méjico y Estados Unidos y hasta las palabras de reconciliación del lama Thubten Wangchen, director de la Casa del Tibet en Barcelona, en su conflicto con China.
En la mesa redonda del sábado por la tarde tuvimos ocasión de escuchar de los refugiados sirios el miedo paralizante que sintieron y sus dificultades para sortear las fronteras y acceder al lugar en el que ahora están. El testimonio escalofriante de una joven subsahariana nos recordó la fuerza de estas mujeres que a mitad de camino se encuentran con un bebé en brazos, fruto de violaciones. La vida en el gurugú en la voz de un joven cuyo sueño era ir a Alemania a trabajar como ingeniero mecánico y que a mitad de recorrido, entre su casa y Melilla, la corrupción de los pagos en fronteras lo despojaron del escaso dinero, por lo que los kilómetros que le quedaban para llegar al monte los pasó arriesgando su vida y su libertad.
Muy claro que a las costas europeas llegan los que tienen sueños de libertad, de paz, los que están dispuestos a defender estos valores incluso con su vida (Periodista somalí refugiado)
Como decía el jesuita maltés: “Europa no entiende que a sus costas llegan los mejores”
El Foro todavía no ha elaborado las conclusiones, pero seguro que serán un grito a la libertad, a los derechos humanos, a la fraternidad universal.
Guadalupe Romero, FI.









