El voluntariado es la expresión de la solidaridad desde la libertad y el altruismo. FASFI agradece a todos sus Colaboradores, socios, padrinos/nas, voluntarios/as, que juntos vivamos para humanizarnos y humanizar nuestra realidad cotidiana. Y que nuestros deseos, no quedan encerrados en ella y nos conducen a vivir una fraternidad universal.
Los creyentes creemos que en Jesús se ha encarnado Dios; otros no lo creerán así, pero a todos nos interesa ver cómo ha vivido y que es lo que ha querido introducir en la historia humana.
Estilo de vida a que somos invitados como voluntarios:
Jesús anunciaba la Buena Noticia de Dios, a Dios como algo nuevo y bueno. Jesús anuncia que el Reino de Dios se está acercando, que este Dios no quiere dejarnos solos frente a los problemas y los desafíos, sino orientar nuestra vida de manera sana, dichosa; Jesús invita a cambiar de manera de pensar y de hablar, invita a creer en esta Buena Noticia, a vivir creyendo en Él. El Reino de Dios fue la verdadera pasión de Jesús, el núcleo, el corazón de su mensaje, la pasión que inspiró toda su vida y también la razón por la que fue ejecutado. “El Reino de Dios es la alternativa de Jesús”.
Nosotros, al rezar el Padre Nuestro decimos: Venga a nosotros tu Reino; no pedimos ir al cielo, sino pedimos con Jesús que venga primero aquí, a la misma tierra su Reino. ¿Qué quiere decir, entonces, Jesús cuando nos invita a entrar en el Reino de Dios? Para empezar, que nos tenemos que salir de otros reinos, el reino de la violencia, el reino del dinero, el reino del terrorismo… para “entrar” en el “Reino de Dios”.
Voy a tratar de explicar qué es, para Jesús, este proyecto del Reino de Dios. Lo desarrollo en cuatro puntos:
- En el proyecto de Dios el principio de actuación, la ley suprema es el amor, dicho de modo más concreto, la compasión.
- En segundo lugar, la dignidad de los últimos como meta. Jesús quiere orientarlo todo hacia los últimos. El Reino de Dios es crear entre todos, con la colaboración de Dios, una sociedad más humana, más digna, más amable, más feliz, más dichosa, empezando por los últimos. Es la única manera de actuar. Esto de “empezando por los últimos” hay que decirlo siempre cuando hablamos de Jesús.
- Tercero, la acción curadora como programa. Jesús ha venido a curar la vida.
- Y por último, no hay que olvidarlo porque lo que necesitamos todos, el perdón como horizonte. ¡Cómo no va a haber perdón para todos, si Jesús en la cruz pidió perdón para los que le estaban ejecutando; no estaban arrepentidos, y Jesús los disculpa, Jesús, el hijo de Dios encarnado grita al Padre: perdónalos, no saben lo que hacen.
1. La compasión como principio de actuación
Jesús nunca habla de un Dios indiferente, frío, desentendido de los hombres, de espaldas a nuestros problemas… Tampoco vemos que Jesús presente un Dios preocupado por sus intereses, su gloria, su liturgia, su templo, su sábado… La preocupación de Dios somos nosotros.
Para Jesús la compasión es un principio de actuación; sencillamente es interiorizar el dolor ajeno, que me duela a mí el sufrimiento de los demás y reaccionar haciendo lo posible por esa persona y aliviando su sufrimiento en la medida en que yo pueda.
Todos recordáis la parábola del buen samaritano. En el camino un hombre herido, abandonado a su suerte. Pasan tres viajeros, primero aparecen un sacerdote y un levita, son los hombres del templo, santos, los que representan al Dios santo del templo; probablemente el herido les vería esperanzado, representan a Dios, tendrán compasión de él… y sin embargo el sacerdote llegó, le vio y dio un rodeo, vino el levita, le vio y dio un rodeo; los dos le han visto, los dos acaban de venir del templo, han dado culto al Dios santo, pero no tienen compasión. Pasa después un odiado samaritano que no viene del templo –lo tenían prohibido en ese momento-; seguramente el herido le mira atemorizado, tiene miedo de que termine con él; los samaritanos y los judíos eran enemigos totales, pero este hombre le vio y –siempre el mismo verbo- tuvo compasión, se le conmovieron las entrañas y se aproximó –se hizo prójimo- e hizo por él todo lo que pudo: le cura, le desinfecta, le venda las heridas, lo monta sobre su cabalgadura y lo lleva a la posada donde cuida de él… tiene compasión.
¿Será verdad que el reino de la compasión no siempre llega por los caminos religiosos, sino que puede llegar por la compasión de un hombre que sabe acercarse a un herido? Jesús introduce en la parábola un vuelco total. Los representantes del templo pasan de largo, el odiado samaritano cura compadecido. La compasión derriba todas las barreras; hasta un enemigo tradicional, temido por todos, puede ser cauce de la compasión de Dios. El Reino de Dios se podrá construir desde la religión y desde otros sectores, con tal de que se viva la compasión.
2. La dignidad de los últimos como meta
“Vivir desde la compasión” era un mensaje que resultaba para todos un fuerte desafío; estaban acostumbrados a vivir desde unos principios religiosos. Cuando llega Jesús les llama a todos a vivir el Reino de Dios, que quiere una vida más digna, más dichosa, para todos, empezando por los últimos. Dice que hay que aprender a vivir desde “otro lugar”, desde la compasión hacia los que sufren, desde la defensa de los últimos, desde la acogida incondicional a todos, desde la defensa de la dignidad de toda persona humana.
Todos tenemos que empezar a mirar hacia los excluidos. Jesús hablaba con toda convicción; lo que él dice yo lo traduciría hoy así: los que no interesan a la gente son los que más le interesan a Dios; los que sobran en los imperios que construimos los hombres, el “material sobrante”, son los que Dios acoge; los que están más olvidados, los indefensos, esos son los que, antes que nadie, tienen como defensor y Padre a Dios. Jesús es muy realista, no piensa que van a desaparecer el hambre y las lágrimas en Galilea, lo que sí hace es darles una dignidad indestructible a todos los que son víctimas de abusos y de injusticias.
La herencia más grande de Jesús, la que hoy, no sólo los creyentes sino todos, ven y valoran en Jesús es ésta: acoger el Reino de Dios es poner a todas las religiones, no sólo a la cristiana, a las culturas, a las políticas, mirando antes que nada hacia los últimos.
3. La actuación terapéutica como programa del Reino de Dios
Cuando Jesús confía su misión a sus discípulos, no los imagina como jerarcas, como teólogos, como liturgistas, sino como curadores. Y siempre, invariablemente, les da dos encomiendas: Anunciad que el Reino de Dios está cerca, que Dios está más cerca de lo que pensáis y que quiere adueñarse de esta vida tan desastrosa, y luego… curad enfermos, limpiad leprosos, arrojad demonios… gratis lo habéis recibido, dadlo gratis. La primera misión de la religión cristiana no es hacer teología, ni siquiera celebrar culto; todo tiene su razón de ser, pero lo primero es curar la vida, ser curadores. Una Comunidad cristiana tiene que ser, antes que nada, una comunidad curadora, para que en ese barrio se viva con costumbres más sanas, de manera más humana, sin olvidar a nadie, acercándonos a los que más sufren… Esa es la conversión que necesitamos.
4. El perdón como horizonte
Lo que provocó mayor escándalo y mayor hostilidad hacia Jesús fue su amistad hacia los pecadores; nunca había ocurrido algo así en Israel, era inaudito.
El Reino es una mesa abierta a todos; lo más característico, la identidad de un grupo de Jesús es precisamente no excluir a nadie. Como creyente estoy convencido de que, probablemente no ha habido nunca sobre la tierra quien haya proclamado como Jesús, con tal fuerza, hondura y realismo, la amistad, el perdón, la acogida de Dios a todos, incluso a aquellos que lo olvidan o rechazan.
José Antonio Pagola









