ERITREA. Población: 4.980.000 h. Población que vive en tierras degradadas: 59,0 %
La dura vida en el nuevo asentamiento
A medida que las nubes azules y grises se arremolinan en el cielo, una ráfaga de viento helado barre el terreno, y la lluvia empieza a caer, primero un chubasco moderado, luego un verdadero torrente, haciendo que la tierra seca y agrietada se convierta en lodo herrumbroso. Tebereh, de 40 años de edad, coge a su hija de cuatro años, Lula, mientras se reajusta la correa que sujeta precariamente un bidón lleno de agua que lleva sobre su frágil espalda. Da con el codo a su hijo Senay, de siete años, para que acelere el paso, ya que sólo han recorrido la mitad del camino que asciende a las colinas para llegar a su casa, en la aldea de Lahyo. Tebereh hace una mueca cuando se levanta la neblina, preocupada por los otros cinco hijos que ha dejado en casa, en especial por su hijo menor, quien ha estado enfermo durante los últimos días. “Tiene fiebre y no come desde hace unos días,” dice Tebereh buscando la montaña.
La lluvia no dura mucho, y al cabo de una hora Tebereh y sus hijos llegan a la meseta de Lahyo, en la región meridional de Debub, a una altitud de 2.400 m sobre un escarpe que da a la frontera. La comunidad de Tebereh, al igual que otras comunidades cerca de Lahyo, fue desplazada durante el conflicto fronterizo de 1998-2000 y reasentada en febrero de 2006 para permitir que las familias empezaran a rehacer sus vidas. Al igual que Tebereh y su familia, muchas familias retornadas o reasentadas aún viven en condiciones precarias, y los servicios sociales básicos en las comunidades de acogida, incluidas las fuentes de agua y la atención de la salud, están al límite de sus posibilidades.
Mientras esperan a que se construya el nuevo sistema de agua, las familias recorren un trayecto de tres horas hasta el río, al pie de la colina, para buscar agua. Como sucede en la mayoría de las zonas rurales de Eritrea, en particular en aquellas montañosas y de difícil acceso, la escasez de agua tiene graves consecuencias en la salud de los niños. Las infecciones respiratorias y la diarrea, que llevan a la deshidratación y a la desnutrición, son comunes entre los niños.
Tebereh está criando a sus hijos sin ayuda de nadie, algo que ocurre con mucha frecuencia en Eritrea, donde el 47 por ciento de los hogares están encabezados por una mujer. Caminar largas distancias para llegar a una instalación sanitaria, mientras dejan al resto de sus hijos solos en casa, es para muchas mujeres el último recurso, y los niños a menudo pierden la oportunidad de recibir tratamiento. Para alimentar a su familia, Tebereh se ocupa de una pequeña parcela en la que cultiva garbanzos.
La sequía, las lluvias imprevistas y la enfermedad de las plantas del año anterior tan sólo le han permitido obtener una cosecha y unos ingresos modestos. “Da mucho trabajo, y tengo que dejar a mis hijos en casa, aunque los mayores pueden al menos ir a la escuela mientras estoy trabajando,” dice Tebereh.
UNICEF ha estado respondiendo a las necesidades básicas de la población internamente desplazada en las nuevas zonas de reasentamiento, proporcionando agua potable mediante la construcción y rehabilitación de sistemas de suministro de agua; construyendo escuelas temporales y suministrando material escolar; y distribuyendo productos no alimentarios y kits sanitarios de emergencia.
Para la reflexión, acción y oración
En todo el mundo la tierra está generalmente cada vez más degradada. Aquí estamos hablando de población que vive en tierras gravemente degradadas o muy gravemente degradadas. ¡Y en algunos países supera la mitad de la población! En ocasiones se trata de desplazados internos por conflictos violentos que han tenido que asentarse en peores tierras. Y otras veces son poblaciones estables que han visto cómo su hábitat se ha ido degradando por el cambio climático y la desertización. Por eso, todo lo que podamos hacer por contribuir a la justicia, la paz y a la integridad de la Creación (JPIC) estará contribuyendo positivamente a mejorar las condiciones de vida de estas personas, aunque estén lejos y no las veamos. Todo está relacionado.
¿Qué pasos puedo seguir dando para contribuir con mi vida a algún aspecto de la JPIC?
¡A ti te invoco, Señor! Pues el fuego devora las dehesas y la llama consume todos los árboles del campo. Hasta las fieras te rugen pues se han secado las corrientes de agua y el fuego devora las dehesas. (Jl 1, 19-20)
ORACIÓN
Señor Dios nuestro, autor de la Creación,
perdona nuestra parte de responsabilidad
en la degradación de la tierra, del agua, del aire,
que sufren sobre todo los más pobres.
Haznos sensibles a su situación
y responsables en nuestra forma de vida.









