ESPAÑA. Población:46.985.000 h.
Hoy, sábado, como el resto de los sábados de cuaresma, centramos nuestra mirada en España. No son pocos los que ponen en cuestión la ayuda al desarrollo de otros países “con la que está cayendo aquí”. Siendo siempre de justicia y de caridad ayudar a quienes sufren más penurias que uno mismo, es bueno también mirar a nuestro propio entorno y darnos cuenta de que las desigualdades crecientes que estamos reconociendo en otros países también las tenemos en el nuestro.
En primera persona
“Mi madre no tiene trabajo y somos tres hermanos”, dice la dominicana Dariana, de 18 años, quien llegó al comedor social de Emaús en Torremolinos (Málaga) al mediodía para recoger las porciones de arroz caliente, ensalada, bocadillos, pan y fruta para la cena de los cuatros miembros de su familia. (periodismohumano.com)
“Nunca imaginé que tendría que venir a pedir comida”, reconoce con pesar la joven Jéssica, de 29 años, mientras da la mano a su hija, Janira, de dos. Vive en casa de la abuela de la niña, pero acude desde hace dos meses a Emaús porque ella y su esposo quedaron desempleados, no perciben ningún ingreso, “y son cuatro bocas que alimentar”. (periodismohumano.com)
“Hay señoras de la parroquia de toda la vida, que podrían ser mi madre, que no están acostumbradas a pedir y a las que cuesta reconocer su situación. También están las familias con hijos en la catequesis”, citaba Santiago Álvarez Pozas, párroco de Nuestra Señora de la Resurrección en el barrio de los Cármenes de Madrid, para describir las nuevas demandas que llegan a su despacho de Cáritas. Los colectivos más castigados son los gitanos, los inmigrantes (latinos, del centro y del este de Europa, y los magrebíes), personas ancianas con pensiones muy bajas que ahora se encargan de sus hijos y nietos, parejas jóvenes con hijos…” (vidanueva.es)
Para la reflexión, acción y oración
A menudo las situaciones de pobreza aparecen como fruto del comportamiento individual de quienes la padece o de su entorno más cercano. Otras se presenta como el resultado de una desgracia contra la que nada se puede hacer. A lo más que llega, en ciertos casos, es a justificar esta situaciones como fallos de un sistema económico que necesita corrección o perfeccionamiento. Sin embargo, en el Evangelio encontramos que Jesús inicia su vida pública proclamando: «El Espíritu del Señor está sobre mí, porque me ha ungido para anunciar la Buena Noticia a los pobres; me ha enviado a proclamar la liberación a los cautivos y dar vista a los ciegos, a liberar a los oprimidos y a proclamar un año de gracia del Señor» (Lc 4,18-19).
“El católico es concreto. Cuando Cristo le pide que comparta con él el pan y el vino, pues son su cuerpo y sangre entregados por nosotros, se niega a otorgar a esas palabras sentido puramente simbólico (…) Y, por último, de ahí también la idea de que la caridad -esa virtud al a cual hemos de volver siempre, pese a la comprensión pervertida que ha hecho de ella una manipulación indecente, esa virtud que es sin duda la primera virtud teologal, “los preceptos divinos tienen todos como fin la caridad”, reza el prólogo al catecismo del Concilio de Trento- solo adquiera su pleno significado en su puesta en práctica concreta: las obras”. (¿Una Economía Alternativa? Iglesia y neoliberalismo”. Pierre Deusy. PPC. Madrid, 2005).
Una pregunta: ¿Estoy dispuesto/a a revisas esas “riquezas” que me alejan de experimentar la grandeza de la vida regalada por Dios y estar en disposición de acercarme a los hermanos necesitados?
“No había entre ellos ningún necesitado, porque todos los que poseían campos o casas los vendían, traían el importe de la venta, y lo ponían a los pies de los apóstoles, y se repartía a cada uno según su necesidad” (Hch, 4, 32-35)
ORACIÓN
Señor,
¿cuándo te hemos visto hambriento o sediento
o emigrante o enfermo o en prisión
y no te hemos asistido?
(Cf. Mt 25, 44)









