El pasado mes de agosto, el gobierno de Venezuela cerró las fronteras con Colombia debido a un conflicto diplomático y militar, que lleva arrastrándose desde años atrás. Este conflicto diplomático ha afectado a las personas colombianas que residían en ciudades fronterizas del lado de Venezuela, que en su día migraron en busca de mejores oportunidades. Son casi 2.000 las personas deportadas y otras 18.000 han regresado forzadas a Colombia por temor a ser expulsadas y que están amenazadas de destrucción de sus hogares por parte de la Guardia Nacional de Venezuela.
Desde diferentes organismos oficiales se está denunciando la vulneración de los Derechos Humanos que se está produciendo en la zona fronteriza. Hoy en concreto, una alta delegación de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) viajará a Colombia para analizar la situación creada por la decisión de Venezuela de cerrar varios pasos fronterizos con el país vecino y la deportación masiva de colombianos.
Compartimos un comunicado de la Conferencia de Religiosos y Relgiosas de Venezuela sobre la dura realidad que está viviendo:
“Nosotros, religiosos y religiosas en Venezuela, deseamos expresar nuestro dolor y bochorno ante esta situación que viven nuestros hermanos colombianos en la frontera y nos negamos a permanecer indiferentes ante los hechos de violencia que se están generando allí de manera indiscriminada. Hemos visto y escuchado el cloamor de nuestros hermanos colombianos que vivían en nuestra tierra y que de forma abusiva han sido expulsados de sus casas y de nuestro país.
Ese clamor, nos hace pedir perdón como venezolanas, venezolanos avergonzados por ese modo de proceder nuestro gobierno y de las autoridades. Nos duele hondamente cómo en nuestro país se vive un proceso de deshumanización que nos obliga a huir y defendernos de los demás. Un proceso potenciado en forma decidida por la violencia en todas sus manifestaciones. Este sigue despojando de su dignidad a miles de hombres y mujeres cada día.
No encontramos palabras para expresar el horror que nos genera las tristes imágenes que hemos visto, los fuertes relatos que hemos escuchado y las desafortunadas palabras con las que han sido tratados nuestros hermanos migrantes colombianos que están en el mayor grado de exclusión y pobreza social, quienes en muchos casos ya han sido víctimas de desplazamientos forzados. Jesús nos recuerda: “Les aseguro que todo lo que hicieron por uno de estos hermanos míos más humildes, por mí mismo lo hicieron” (Mt 25,40).
No es posible guardar silencio ante tamaño atropello a la dignidad de los pobres. No se puede admitir que el modo de responder a ciertas conductas ilegales por parte de algunos ciudadanos venezolanos, extranjeros sea vulnerar las viviendas y las pequeñas propiedades de los más pobres y desvalidos en un acto que tiene fuerte tintes xenófobos.
El papa en múltilples ocasiones se ha pronunciado en defensa de la vida y de la dignidad de estos hermanos más débiles. Recientemente el Papa oro diciendo: “Oremos por tantos hermanos y hermanos que buscan refugio lejos de su tierra, que buscan una casa para poder vivir sin temor, para que sea siempre respetada su dignidad”. Pero no contento con ello agregó: “Invito a pedir por las personas e instituciones que cierran la puerta a la gente que busca un hogar, una familia, que buscan ser custodiados” (audiencia 17-6-15). Nosotros nos sumamos a ambas peticiones.
Nos proponemos enviar una comisión de religiosos y religiosas que expresen nuestra cercanía con todos y cada uno de ustedes hermanos, dar a conocer nuestra posición en la sociedad venezolana y a sus autoridades, trabajar unidos con la conferencia de religiosos y religiosas de Colombia y con las instancias de derechos humanos vinculadas al tema migratorio.
Que el buen Dios que nos hizo una sola patria nos ayude a todos y todas a hacer verdad el sueño de Bolívar que pasa por el respeto a sus hijos más desvalidos.”
Los religiosos y religiosas de Venezuela.









