A todas y todos los que en estos días a partir del 11 de marzo nos han enviado mensajes:
Son muchas los e-mail que nos han llegado y continúan llegando aun hoy preguntando como estamos y diciéndonos que están rezando por el pueblo japones, por los que han sufrido más directamente la furia de la naturaleza hace apenas 14 días. Quisieramos contestar a todos pero el tiempo no llega. A través de esta carta quiero enviarles mi agradecimiento y el de todas mis hermanas aquí en Japón por toda esta muestra de cariño, interés y preocupación.
A la preocupación del terremoto y el consiguiente tsunami se suma después los problemas en las Central Nuclear de Fukushima que no deja de ser una preocupación para todos, rezamos para que esto llegue a buen termino. Hay gente que esta allí trabajando y exponiendo su vida para que no sea una catástrofe mayor. La inseguridad por lo que pueda pasar en esta planta nuclear está derivando en una nueva oleada de desplazados.
Para los que están en las zonas más afectadas por el terremoto y tsunami del día 11 la vida continua siendo dura. Son más de 380.000 personas que se han quedado sin casas y estan distribuidas en distintos refugios. Frío intenso (intensas nevadas), falta de energía eléctrica, combustible, alimentos, agua etc… a esto se suma la desolación por no saber que ha pasando con algunos de sus seres queridos, amigos, vecinos… y por haber perdido todo. Hay más de 18.000 personas desaparecidas, por el momento el número de fallecidos confirmados es de 9.500, se teme que superen los 28.000 muertos. Detrás de estos números se esconden miles y miles de historias, de sueño y proyectos que se los llevo la gran ola. “Los que hemos quedado con vida tenemos que seguir adelante, vivir y luchar también la parte de los que ya no estan” son los testimonios que se oyen en estos días. Es admirable la grandeza de ánimo de esta gente en medio de tanta abversidad.
Han desaparecido varias ciudades y pueblos de la costa a lo largo de más de unos 300 Km. Los movimientos sísmicos aun hoy se siguen sucediendo en toda la región. La tierra no deja de temblar.
En los centros de refugios los niños y las personas mayores son las más vulnerables a enfermedades, como infecciones de pecho o gripes, provocadas por las bajas temperaturas y el estrés que están viviendo que hace que su sistema de defensas sea más débil.
La iglesia, que es una pequeña minoria en Japón, esta trabajando en coordinación con otros grupos civiles.
Nuestras hermanas de la Comunidad de Joso, en la prefectura de Ibaraki, junto con grupos de laicos de allí, están prestando su ayuda en dos centros de refugio en la ciudad de Tsukuba donde hay unas 550 personas venidas de la ciudad de Iwaki (Fukushima). Unidas a otros grupos la tarea que allí realizan es: ayuda psicológica, (escuchar a la personas). Atención a los niños, distribución de alimentos etc. También en Tokyo algunas hermanas de esta comunidad colaboran en el Centros de atención a los extranjeros de la diócesis de Tokyo, brindándoles apoyo psicológico e información en distintas lenguas para los extranjeros que han tenido que salir de las zonas del terremoto o que han sido afectados por la planta nuclear. Hemos dejado las puertas abiertas de nuestras casas para lo que sea necesario aunque por el momento no son utilizadas.
En las dos diócesis afectadas del norte del país, la diócesis de Sendai (la más afectada) y la de Saitama han creado dos centros para ayuda a las víctimas del terremoto, en este centro también se recibe inscripción de voluntarios, coordinan la ayuda y distribuyen información en diversas lenguas para personas de otras nacionalidades que viven en la región.
El Obispo de Sendai Mons. Hiraga explicaba así la semana pasada lo que estaban viviendo: “La situación es muy difícil”. “Mi diócesis es muy grande y abarca cuatro prefecturas civiles, se extiende a lo largo de unos 500 km de costa, al norte de la isla de Honshu, la más grande del archipiélago Nippón. El tsunami ha afectado a más de 300 km de costa. En la Prefectura de Aamori hay dos parroquias afectadas, en la de Iwate son 4, en la prefectura de Miyagi 2 más y otras 2 en la de Fukushima. No sabemos cuántas personas han muerto, cuántos están perdidos ni el número de personas desplazadas. No sabemos si entre ellos hay católicos”.
“La gente está exhausta y desorientada. El impacto material y emocional en la sociedad ha sido muy fuerte. Están llegando ayudas y voluntarios procedentes de todo Japón. Necesitamos la unidad y la buena voluntad de todos. Nosotros los católicos en la diócesis de Sendai somos poco más de 10.000, un pequeño rebaño. Pero seguimos orando por las víctimas y haremos todo lo posible por llevar alivio”.
Las necesidades son muchas y cada vez van apareciendo más, pero también es cierto que la solidaridad y la buena voluntad de la gente es mucha.
Uniendo esfuerzos y trabajando juntos es la única manera de salir adelante.
Yolanda Brandolin FI






