CAMINO A LA ESPERANZA
María Luisa Berzosa fi
El sábado 9 tuve el privilegio de vivir una jornada con los voluntarios/as de FASFI que volvían de sus experiencias en diversos países. También había otras personas con este deseo de unirse a este camino ya iniciado hace algunos años y que deseaban ver y escuchar para poder ellas también realizar este sueño.
Y estaba presente también el grupo del proyecto “Sígueme”, cuatro jóvenes que, como parte de su camino, han estado en Bolivia compartiendo con nuestras hermanas.
La escucha de los diversos grupos y de las personas que habían ido solas, fue una luz de esperanza para nuestro mundo, más allá de nuestras comunidades y obras que lo han posibilitado; es un camino que cruza fronteras, partiendo de los lugares originales y volviendo a los mismos pero de otra manera, con nuevos ojos, con mirada renovada, con corazón universal …también este año se han hecho experiencias de voluntariado en el ámbito nacional: Granada y Alcarrás.
Sus presentaciones fueron excelentes desde el punto de vista técnico, muy creativas, llenas de vida y colorido, pero lo que me llegó más al corazón fue la comunicación de sus vivencias:
Ø “la vida cambia cuando el cambio comienza por dentro”
Ø “a alguien le tiene que importar esta gente, es un tema de justicia”
Ø “¿qué me ha aportado? humildad, solidaridad, reflexionar, valorar y agradecer la vida, seguridad y fe, inquietud, haber puesto mi granito”
Ø “búsqueda de la fe, dar y recibir”
Ø “las hermanas tienen un corazón enorme, mucha fuerza y energía”
Ø “una trasformación que me hace feliz”
Ø “romper tus inseguridades, la riqueza de compartir”
Me parece que hoy por hoy el voluntariado es un signo fuerte de nuestro tiempo por el que vale la pena apostar. Ya lo hace así FASFI, nuestras hermanas y laicos, y tantas personas que desde diversos lugares –a un lado y otro del océano– posibilitan estos puentes que nos unen con un fuerte deseo de poner un granito de arena para mejorar este mundo nuestro. Hay que seguir por ahí.
Después de la escucha de tantas experiencias y tan variadas, terminamos el día dando gracias al Señor en una celebración muy bonita, en la cual se entregaban los certificados que acreditaban su labor solidaria en favor de nuestros hermanos.
Agradecer cantando y también en el silencio, tantos dones recibidos por cada persona que ha ido a otro lugar, por quienes las han recibido, por esas mujeres, niños, jóvenes, cuyos rostros, sonrisas, lágrimas, preocupaciones, fiesta, danza, juegos … han quedado ya en el corazón de nuestros voluntarios/as y a su vez ellos han vuelto con muchos nombres en su interior …
Esta pequeña-gran luz del voluntariado nos conduce a la esperanza, es por aquí el camino, tenemos motivos para seguir creyendo que el Reino se hace desde muchos ángulos, dirigiendo hacia él ojos, manos y pies.











