En el mes de junio, cuando los niños españoles están a punto de comenzar las vacaciones, nos sumamos a los millones de voces que, con motivo del Día Internacional contra el Trabajo Infantil, claman para que todos los niños del mundo tengan acceso a una educación de calidad, que les permita romper el círculo de la pobreza que los oprime.
El último informe de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) sitúa en 168 millones el número de niños que siguen siendo víctimas del trabajo infantil, mientras que, paradójicamente, más de 75 millones de jóvenes de entre 15 y 24 años están desempleados “y muchos más, deben conformarse con trabajos que no ofrecen ningún ingreso equitativo, seguridad en el lugar del trabajo, protección social”.
Porque el trabajo no es cosa de niños, desde muchas organizaciones sociales se lucha para prevenir y atacar las cusas que llevan a que millones de pequeños tengan que abandonar la escuela para empelarse en trabajos precarios y mal remunerados, en los que, generalmente son explotados y víctimas de todo tipo de abusos: pobreza, exclusión, falta de oportunidades, discriminación étnica o de género, desplazamiento, guerras, falta de voluntad política, incumplimiento de la legislación…
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