El pasado martes 28 de febrero despedimos a Raquel Zamora, voluntaria de Valladolid, que estará viviendo la experiencia de voluntariado internacional en Buen Retiro (Bolivia) hasta junio.
Desde FASFI le deseamos que disfrute de la experiencia en el internado con los chicos/as y las Hermanas, y estamos seguras de que con su entrega solidaria recibirá todo lo bueno y mejor.
Hoy, lunes 20 de febrero se celebra el ‘Día Mundial de la Justicia Social’. Ya son 10 los años que lleva la ONU centrando la atención en erradicar la pobreza y promover el empleo pleno y el trabajo decente, la igualdad entre los sexos y el acceso al bienestar social y la justicia social para todos.
Para celebrar un día tan especial Le Cordon Bleu Madrid, de la mano de AUARA, impartió hace unas semanas una Master Class a miembros del equipo del restaurante ElMandela, bajo la tutela del director técnico Erwan Poudoulec con el objetivo de formar a jóvenes africanos en el oficio de la hostelería bajo el lema #cocinaressoñar.
Historias reales
Martin Ntumnou
Tras doce años trabajando en la construcción, Martin Ntumnou, camerunés que llegó a España en el año 2000, acabó en el que era su sueño, la cocina, casi por casualidad. Ahora es el chef del restaurante africano de Madrid ElMandela.
Erwan Poudoulec
Con más de 20 años de experiencia entre fogones, Erwan Poudoulec dirige el equipo de chefs de Le Cordon Bleu Madrid. Heredó la pasión por la cocina de su padre y llegó a la Escuela con gran vocación docente y un objetivo claro: inspirar a sus alumnos.
Ludovic
Nacido en Camerún al igual que Martin, desde 2012, comenzó su primera formación en cocina y restauración en Madrid, donde descubrió su vocación. El servicio cercano y atento destacan a “Ludo” como camarero de sala en el restaurante africano.
Diaka
Hace 5 años que llegó a España procedente de Mali, donde estudiaba para ser delineante. Estudios que no pudo completar, ni convalidar y decidió comenzar de nuevo a través de un curso impartido por Fundación Amoverse. Su interés por la cocina y ganas de aprender hacen que hoy sea ayudante de cocina en ElMandela.
Durán
Vino a España con su título de bachillerato homologado de Camerún. Actualmente está estudiando el último año del ciclo superior de restauración en el IES Hotel Escuela de la Comunidad de Madrid. Le encanta explicar los platos, su procedencia y elaboración. Es junto con Ludo, camarero de sala de ElMandela.
Empresas con Valores
Restaurante ElMandela
El Restaurante ElMandela, decomida africana subsahariana, es ya de por sí una oportunidad de formación. Como explica su gerente, el jesuita Francisco Àngel, “ofrece a los jóvenes la oportunidad de aprender el oficio de cocinero y de poder mostrar hacia fuera los valores africanos”.
Fue abierto en 2012, en el corazón de Madrid, junto al Teatro Real. A mediados de 2016, ElMandela pasa a ser uno de los proyectos de Amoverse Empresa de Inserción, de la Fundación Amoverse de la Compañía de Jesús. Es un proyecto social con el objetivo de formar y emplear a jóvenes africanos en el oficio de la hostelería. El restaurante sirve como plataforma de formación y empleo.
Existe un proceso de acompañamiento personalizado, al término del cual, la persona está preparada para trabajar como camarero o ayudante de cocina en el mercado laboral y su lugar en ElMandela lo ocupa un nuevo joven para formarse y trabajar en el oficio de la hostelería.
Le Cordon Bleu Madrid
Le Cordon Bleu Madrid pone acento español a la red internacional de escuelas de la histórica institución francesa Le Cordon Bleu. Fundada en 2011 en alianza con la Universidad Francisco de Vitoria, se ha consolidado como uno de los centros de formación en alta cocina del país.
Además de fomentar la formación culinaria de alto nivel, Le Cordon Bleu Madrid apuesta por el desarrollo de grandes profesionales capaces de transformar la sociedad. Por ello, desde su labor formativa, la Escuela toma parte en proyectos de responsabilidad social con el fin de construir valor para su entorno, defendiendo que la Gastronomía puede y debe ayudar a hacer mejor la vida de los demás.
AUARA
La empresa social Auara, que promueve “el agua con valores”, fue la mediadora para esta oportunidad de formación y de compartir la pasión por la cocina. Es una marca de agua mineral que invierte el 100% de sus dividendos en llevar agua potable a personas que no la tienen a través de proyectos de cooperación y que además fabrica sus botellas con un 100% de plástico reciclado R-Pet.
#cocinaressoñar
Tanto a Martin como a Erwan el amor por la cocina les viene desde niños. A los 9 años, un día que su abuela llegaba cansada del campo, le pidió a Martin que le ayudara a cocinar y al finalizar le dijo a su nieto que tenía un don para la cocina. “Mi sueño era un don y ahora disfruto cocinando y haciendo comer bien a los demás” dice Martin sonriendo. Para Erwan, también el amor por la cocina le llegó en la niñez porque su padre era cocinero y desde los cinco años vivió entre pucheros.
“Qué pena que esta noche no se vean las estrellas aquí, en Challviri. Porque con ellas habríais entendido enseguida toda mi historia”. Pietro Gamba se sienta en el suelo en la penumbra de la pequeña cocina, junto al horno de barro. Come sopa de patatas con su amigo René, el dueño de estos tres locales de tierra cruda, sin suelo, alrededor de un patio en el que escarban patos, gatos y niños. El frío húmedo aturde. El cielo es un paño de nubes desde esta mañana, cuando Pedro condujo durante cuatro horas hasta aquí arriba, a 3.800 metros, sobre los Andes, oyendo varias veces la canción Historia de amor, de Adriano Celentano. Una coincidencia romántica, porque precisamente entre las 300 familias campesinas de Challviri diseminadas entre laderas, torrentes y campos de patatas, comenzó su historia de amor con Bolivia.
Hoy, este médico italiano de 64 años al que alguien llamó El gringo loco, ha vuelto de nuevo aquí solo para hacer una visita de cortesía a sus viejos amigos y, en cambio, ha acabado poniendo inyecciones a la anciana Gertrudis, que llevaba horas esperándolo sentada en la hierba, ante la puerta de René; le ha tomado la tensión a Florencia, que acaba de dar a luz en casa a su octavo hijo; ha revisado los pulmones de don José, un patriarca nonagenario que siempre lo llama Pedrito, y ha distribuido entre los niños pomadas para la sarna. Por último, se ha puesto hecho una furia en el centro de salud estatal por culpa de un tubo de agua que pierde desde hace dos años: el Gobierno se ha olvidado, y los pacientes tienen que vadear un reguero de barro bajo la mirada desinteresada de la única doctora, que pronto cogerá el permiso de maternidad, de modo que la gente de Challviri tendrá que volver a viajar hasta el hospital de Cochabamba, a tres horas en coche de aquí, para ver al médico. “¿Ves al Evo?”, así llama Pedro a Evo Morales, presidente de Bolivia. “Sobre el papel garantiza servicios a todos, pero la realidad es que los campesinos están abandonados”.
Alrededor del 38% de la población boliviana vive por debajo del umbral de la pobreza y en 1987, pensando precisamente en ellos, en los campesinos pobres y a menudo analfabetos, el médico italiano creó un hospital de excelencia en Anzaldo, un pueblo de 8.000 habitantes en el altiplano central, entre campos de quinoa color púrpura y bosques ralos de eucalipto. Hoy en día, su Fundación Pietro Gamba es el punto sanitario de referencia para 100.000 personas entre el departamento de Cochabamba y el alto Potosí. Sin embargo, los pacientes llegan de toda Bolivia, porque saben que el doctor Pedro cobra barato y que, si no puedes pagar, desde luego no va a dejar que te mueras. Ayer, por ejemplo, el joven Javier, llorando, enseñaba al médico el historial clínico de su esposa: el hospital público le pedía 8.000 dólares por tratarle el corazón, una cifra que la pareja ni siquiera sabe calcular.
Bilbao incorpora a ocho varones de origen africano en el trabajo de prevención de la ablación.
Para descubrir los efectos negativos de la mutilación genital femenina, Lamine Diawara (Ziginchor, Senegal, 1983) tuvo que cruzar el mar en kayuko y vivir más de cinco años en España. “¿Quién era yo para poner en duda una tradición que ha pasado de tatarabuelas a nietas y que me decían que hasta en el Corán se citaba?”. Bastó una charla informativa hace tres años, un lunes por la tarde, en la sede de Médicos del Mundo en Bilbao para abrirle los ojos. “Hasta ese día, jamás había oído hablar a una mujer africana sobre el tema y menos hablar de una forma tan negativa por los dolores físicos y psicológicos que le había provocado”. Ese mismo día discutió en la charla, defendió su práctica y terminó el día llamando a Senegal por teléfono. “Comprobé que era cierto: que en el Corán no se citaba nada, que mis hermanas también sufrían todo tipo de consecuencias negativas en sus cuerpos y que la raíz de la práctica son los celos de los hombres”. Desde entonces, Diawara se ha convertido en un agente activo desde el País Vasco contra la mutilación genital femenina (MGF) con lo mejor que sabe hacer: la música y el teatro.
Lamine Diallo (Guinea-Conakry, 1974) necesitó más que una charla. Hace un año fue invitado por el Ayuntamiento de Bilbao a un curso de formación sobre el tema. En concreto, al primero que se celebraba con hombres africanos. Diallo accedió y junto con otros siete varones cumplió las 15 horas del programa de formación durante seis días. “No me lo podía creer: no hay fundamento religioso para justificar la mutilación, ni lógica en las creencias culturales”. A los pocos meses, convocó una asamblea en la Asociación que preside de guineanos en Bizkaia para hablar del tema con todos y plantear la posibilidad de una jornada informativa. “Antes del curso jamás hubiera querido casarme con una mujer que no estuviera mutilada, ahora me avergüenzo de estas creencias”. Ya prepara las segundas jornadas formativas en su asociación pero ahora con los guineanos de todo Euskadi el próximo mes de abril.
El curso en el que participó Diallo forma parte del Programa Integral de Prevención de MGF del Ayuntamiento de Bilbao que ya ha formado a 71 personas desde 2013, de las cuales 63 son mujeres. Tras la formación, los asistentes adquieren el compromiso de participar e impulsar actividades de información tanto en sus organizaciones como en sus círculos más cercanos. “Para este año, los cursos se van a intensificar por la buena acogida y por la demanda de nuevos colectivos”, asegura la técnica de Inmigración del Área de Igualdad, Cooperación, Convivencia y Fiestas del Ayuntamiento de la ciudad vasca, Goizane Mota Gago, responsable también del Protocolo de actuación contra la MGF.
“El enfoque de género y la interculturalidad nos hacen pioneros. No buscamos articular medidas punitivas sino prevenir con formación y accediendo a todas las comunidades en riesgo”, remarca. Diferentes instituciones internacionales ya se han interesado en la experiencia formativa y en el protocolo de intervención interinstitucional. Entre ellas destacan, ONU Mujeres Alemania —“para trabajar con población refugiada”— y World Future Council de Hamburgo.
Un 11% de las personas acogidas en Barcelona tiene un contrato laboral. En algunos albergues, la cifra se dispara a casi la mitad de sus ocupantes
Son las 8.30 de la mañana en un centro para personas sin hogar de Sarrià, uno de los barrios más ricos de Barcelona. En el patio, varios hombres desafían el frío invernal para fumar su primer cigarrillo de la mañana, tras el desayuno. Algunos ya se fueron o no tardarán en irse al trabajo. Según el último informe de evaluación de 2016, en este centro de 90 plazas, de la entidad San Juan de Dios – Servicios Sociales, el 35 % de las personas que residen en él tiene contrato de trabajo.
Raúl espera en una butaca de la entrada. Ha preferido que la entrevista tuviese lugar en un sitio que conoce. Está algo nervioso. “Al entrar aquí otra vez me he sentido raro”, explica. Él solía venir a comer cuando dormía en un albergue de la Fundación Pere Tarrés. Después, consiguió una plaza en otro centro de San Juan de Dios, el de Creu de Molers en el barrio de Poble Sec, que está orientado a la reinserción laboral. Casi la mitad (el 47%) de las 52 personas que llegan a este centro tiene un empleo con contrato.
Hoy, Raúl está en el programa de pisos y comparte con otro compañero un techo prestado temporalmente por la misma entidad, por un precio simbólico de unos 100 euros. No quiere que se sepa su edad aunque nadie le echaría más de 40 años. En su jersey, las siglas de la empresa en la que trabaja desde hace dos meses le sirven de apoyo para disculparse por la temprana hora: “Es que después no puedo quedar porque tengo que irme corriendo al trabajo y tardo una hora y 45 minutos en ir allá”. Allá es San Cugat, un municipio limítrofe de la Ciudad Condal, donde trabaja en una empresa de logística de transportes.
La precariedad laboral incrementa el fenómeno.
Para Albert Sales, asesor del Ayuntamiento de Barcelona y coordinador del plan de lucha contra el sinhogarismo, las personas sin hogar que tienen un empleo son un fenómeno creciente desde los años noventa. El politólogo, que correalizó también la Diagnosis 2015 sobre la situación del sinhogarismo en la capital catalana, recuerda que algunos albergues tuvieron que flexibilizar sus horarios de entrada y salida porque algunos de sus residentes trabajaban y no podían llegar a la hora de la cena.
En Barcelona, de las casi 3.000 personas que están sin hogar, 941 duermen en la calle y 1.907 están alojadas en equipamientos de la Red de atención a personas sin hogar (XAPSLL), formada por 32 entidades y el Ayuntamiento. Según la última Diagnosis publicada, el 10,89 % de las personas que viven en estos equipamientos tiene empleo con contrato. En 2012 era un 4,10%.
Raúl forma parte de este porcentaje de personas con empleo que sigue sin poder tener un hogar propio. En principio, el programa de pisos de San Juan de Dios tiene una duración de seis meses aunque, según su director, Joan Uribe, es cada vez más difícil cumplir los plazos establecidos ya que muchos necesitan más tiempo para estabilizar su situación. Y, para él, esta tardanza tiene una gran culpable: la precariedad laboral.
“El ‘precariado’ no es una noción nueva, nace en los años ochenta, pero lo que vemos hoy es la forma más radical de la expresión de este concepto: personas que están trabajando, pero que siguen teniendo que vivir en centros y pisos para personas sin hogar. El gran problema hasta hace poco es que no había empleo, ahora el gran problema es que sigue sin haber suficiente, pero gran parte del empleo que hay es absolutamente precario tanto a nivel de salario como de condiciones”, critica Joan Uribe, director de San Juan de Dios – Servicios Sociales, que también realizó la Diagnosis sobre sinhogarismo.
Aunque tengan trabajo, Uribe explica que las personas no salen de manera inmediata de los equipamientos. La XAPSLL prefiere acompañarles durante un tiempo para que puedan ahorrar una cierta cantidad que les permita alquilar una vivienda, o más bien una habitación, pagando la fianza y un mes de adelanto. Para Sales, la salida de estas personas de los recursos sociales es cada vez más complicada por la combinación entre precariedad laboral y requisitos para acceder a una vivienda.
José Luis Pinilla.- Algo de las muchas cosas que nos preocupan estos días es que el nuevo Presidente de USA, cumpla su promesa de derogar el programa de Acción Diferida (DACA) de Obama en 2012 que ha servido para frenar la deportación de 750.000 jóvenes indocumentados que llegaron al país de niños y son conocidos como dreamers (soñadores). Estos podrían quedar en tierra de nadie si Donald Trump lleva a cabo sus planes en política de inmigración. Protegidos de las garras de la deportación a este proyecto están adheridos más de 700.000 jóvenes y gracias al cual muchos de ellos han podido estudiar y tener permiso de trabajo. Ahora, estos “soñadores” pueden ver cómo la protección gubernamental se hace añicos con la política de inmigración salvaje de Trump.¡ Que fácil es romper sueños de los jóvenes ¡ Con una firma¡ Así. Ya…
Con motivo de la Jornada Mundial de Migraciones de 2017 los niños migrantes vulnerables y sin voz provocaron en muchos la sensibilidad ante su vulnerabilidad extrema y recuperaron su voz aunque fuera con otros acentos o por medio de palabras adultas.Qué difícil es hacerse cargo de los sueños de los niños. Esta vez en Europa .
Para poner rostro, el cartel de la Jornada refleja , según dice mi amigo Peio Sanchez , la mirada de dos niños en medio de la tierra devastada por la violencia. Detengámonos. Lo tenéis al final de este párrafo : El niño no se atreve a mirar a la cámara, necesita sacar fuera la realidad de sus ojos. En su huida nos deja ver a nosotros, espectadores, la historia de su dolor. ¿ Qué atrocidades no habrá visto? ¿Qué desgarros y pérdidas no habrá padecido?. El paisaje de una ciudad destruida, donde no queda un alma, nos pone sobre aviso. Tras la desolación está el incontable padecimiento de tantos. Su rostro apenas esboza un sollozo silencioso y vulnerable. Quizás sea porque soñaba con un mundo de mariposas y ruiseñores. En contraste la niña tocada con un pañuelo, tapa su boca y mira directamente a la cámara. Su mirada que ahora nos compromete, es su clamor de súplica. “Habéis roto mis sueños” parece decirnos. Una provocación a la compasión con “los hermanos más pequeños”. Porque hemos invadido su mundo de azúcar y de viento y debemos devolvérselo. Una urgencia de respuesta aunque sea insignificante, incluso impotente. Sus ojos fijos en los nuestros son un imperativo imprescindible, inaplazable. Ahora nos damos cuenta que hay en ellos una infinita belleza, una insondable dignidad que nos apremia a extender la mano e implicarnos. Ahora o nunca
Yo ahora quiero recoger sus ecos. Porque mañana será tarde. Ayer fue tarde ¡ Ya es tarde ¡ Ahora o nunca
ECOS Y SUEÑOS:
España pierde el rastro sistemáticamente de menores migrantes.
“Cuando llegué quería estudiar, pero las cosas no me fueron como tenía pensado. Después solo podía pensar dónde conseguir comida”.Lo dice Mikel, natural de Nigeria, que alcanzó España con 16 años como polizón en un barco en 2009. Había dejado a su madre, “que no tenía nada”, en Níger, donde trabajó largas horas en el campo para poder pagar su viaje a Europa.Quería estudiar y jugar al fútbol en Barcelona porque soy fan del Barça desde pequeño, cuenta.
Pero al llegar a España se dio de bruces con un sistema de protección excluyente con los menores extranjeros que los deja en la calle: “Presenté mi partida de nacimiento y me dijeron que no valía, me hicieron unas radiografías que dijeron que era mayor de edad y me echaron del centro de menores”. La historia es de un chico de 21 años, ejemplo ” de muchos chicos negros como yo”.
“EE.UU. no puede convertirse en un Guantánamo colectivo“. El secretario general y portavoz de la Conferencia Episcopal, José María Gil Tamayo, lamentó ayer la decisión del nuevo presidente norteamericano, Donald Trump, de construir un muro de separación en la frontera con México y endurecer la llegada de inmigrantes.
“Las civilizaciones que se honran hacen puentes, no muros”, recalcó Gil Tamayo, quien defendió la necesidad de “acoger a las personas de forma legal, sin política barata de ningún signo”, y defendió que “Europa no puede levantar barreras”.
Sobre la supuesta violencia de los inmigrantes o refugiados en los países de asilo, el portavoz episcopal denunció que “las armas salen de los países desarrollados y los traficantes de personas. Hay que ser valientes para denunciarlo“. Sobre el Estado Islámico, Gil Tamayo recordó que “las primeras víctimas son los propios musulmanes”.
En una entrevista en Cope, el secretario general de los obispos habló del pacto educativo, insistiendo en que “hay que buscar el bien en nuestros niños y jóvenes y pensando el futuro de ellos. Un país es según la Educación de sus ciudadanos. Nuestros niveles de desempleo juvenil son insoportables en una sociedad solidaria”.
“En la Conferencia Episcopal Española se trabaja al servicio de los obispos. La CEE se crea para ayudar al servicio de la comunión de los obispos para las diócesis”, recalcó su portavoz, hablando de la financiación a través del IRPF. “La Iglesia es clara y ha optado por la transparencia porque pedimos para revertir en beneficio de los ciudadanos. Su destinatario es universal, sobre todo, obras sociales y caritativas de la Iglesia. Justo en la crisis se ha demostrado cómo la Iglesia ayuda a los más necesitados”, señaló.
“Para nosotros es dificultoso disponer de un papel [de propiedad], pero un papel no da derecho a destruir un ecosistema”. Deolinda Carrizo, del Mocase (Movimiento Campesino Santiago del Estero), explicó este lunes en Zaragoza, en un acto convocado por el Comité de Solidaridad Internacionalista, la lucha que desde hace más de 25 años mantienen las 9.000 familias agrupadas en este colectivo contra el desalojo silencioso al que vienen siendo sometidos por terratenientes y grandes empresas que están extendiendo por esta provincia del norte de Argentina el monocultivo de la soja transgénica.
Santiago del Estero es una semidesértica provincia del noreste de Argentina –su superficie equivale a la de Castilla y León y Extremadura juntas, con 20.000 habitantes más que Guadalajara- que forma parte del Gran Chaco y a la que a principios de los 90 comenzaron a llegar propietarios de grandes extensiones de los que hasta entonces nadie había oído hablar.
Intensificaron el proceso de ocupación de tierras iniciado en la dictadura —ahora para implantar el monocultivo de la soja—y el desalojo de comunidades, muchas de ellas de pueblos originarios anteriores a la colonización. “No sabemos de dónde salían esos títulos, algunos eran prendas de deudas que habían acabado en el juzgado”, señala Carrizo.
“Lugares despreciados para el progreso”
El proceso, impulsado por “la necesidad de ocupar los lugares del país que habían sido despreciados para el progreso”, se intensificó en 1996, con la autorización para cultivar en Argentina soja transgénica, que hoy es prácticamente un monocultivo en la zona.
Y que lleva camino de agravarse con las políticas de Mauricio Macri, cuyo Gobierno ha eliminado los impuestos que gravaban la exportación de ese cultivo —también los del maíz y los productos mineros— y ha abolido el límite del 20% de la propiedad de la tierra al que podía acceder el capital extranjero.
El avance de las toperas, las máquinas que allanan lomas y deforestan llanuras, y de las vallas que agrandan las propiedades de terratenientes y empresas al tiempo que achican el espacio de las comunidades, se ve apoyada por dos estrategias cuyo objetivo es amedrentar a los indígenas, explica Carrizo: las fumigaciones indiscriminadas, incluso sobre los pequeños núcleos de población y sus escuelas, y la aparición de escuadrones de la muerte.
“Están contratando a grupos armados paramilitares para expulsar a las familias. Se está reactivando la criminalización en la lucha por la tierra, como en los años 90”, indica, en una estrategia del terror que hace unos años se cobró la vida de dos activistas. Esas decisiones de Macri, anota, “están reactivando muchos conflictos” tanto en el norte como en el sur de Argentina, en la zona de los mapuches, como consecuencia de los procesos de acaparamiento de tierra.
“Tengo frío”… Si esta frase saliera de la boca de uno de nuestros niños, cualquiera de nosotros reaccionaría con rapidez y trataría de mitigar el frío. A buen seguro, pronto aparecería una manta, un lugar caliente, un hogar… “Tengo mucho frío”… Con toda seguridad esta frase está saliendo ahora mismo de la boca de cientos de niños, jóvenes, adultos y ancianos que huyen de la guerra, de la miseria y de la persecución… y que se agolpan a las puertas de Europa malviviendo y malmuriendo ante nuestros ojos.
La migración no es un fenómeno limitado a algunas regiones concretas del mundo y cada día adquiere dimensiones más dramáticas. A diario nos llegan noticias similares y, como anestesiados, cada vez nos llaman menos la atención: gente que muere de frío a las puertas de Europa, cadáveres que aparecen en las playas, cifras de “desaparecidos” -forma sutil de no hablar de “muertos”- en naufragios cerca de nuestras costas. Y la sensación de que ayer fue así, hoy sigue siendo así… ¿y mañana?
Las guerras, los desastres naturales, el hambre, la violencia y el terrorismo explican los movimientos migratorios de cientos de miles de personas que desde África, Centroamérica, Oriente Medio, Asia se desplazan en busca de seguridad. Estos fenómenos, que podrían entenderse como coyunturales, se suman a causas estructurales que tienen que ver con la internacionalización de los capitales, una nueva división internacional del trabajo, que convierte a un buen número de países del mundo en economías de exportación intensiva de materias primas o bienes de consumo, en mercados de trabajo barato en los que se pagan salarios que no permiten siquiera la subsistencia, o en países exportadores de seres humanos. Sumemos a esto que el desgobierno de la globalización, como consecuencia de la pérdida de poder efectivo de los estados nacionales, está produciendo un caos mundial y una inseguridad económica que ya no solo es injusta, sino también ineficiente.
Paradójicamente, en este mundo globalizado, los migrantes y refugiados son personas sin derechos. Mientras los, capitales, las nuevas tecnologías, la información y los mercados son hoy transnacionales, los Derechos Humanos no lo son. Y menos, los de las personas migrantes por razones económicas o políticas, que si alguna vez los tuvieron, dejan de ser efectivos cuando abandonan sus países de origen.
Tenemos la oportunidad de globalizar la libertad, la sanidad, la educación, los Derechos Humanos, la justicia social… pero no lo estamos haciendo. Y en consecuencia, en nuestra acomodada sociedad -infectada por el virus de la “enfermedad del mientras a mi no me toque”- se han globalizado la “indiferencia” y el “miedo” hasta conseguir blindarnos ante el dolor ajeno.
¿Qué hacer?
Como católicos, nuestra fe nos llama a comprometernos políticamente y a mirar de frente el drama que padecen hermanos nuestros. Porque todos estos desnudos a los que no vestimos, hambrientos a los que no damos de comer, sin casa a los que no alojamos, perseguidos a los que no socorremos… a las puertas de Europa… son hermanos nuestros independientemente de su procedencia, circunstancias o creencias religiosas.
Ante la gravedad y urgencia de la situación exigimos a los gobiernos de las naciones implicadas en el drama de los emigrantes y refugiados -países de origen, tránsito y destino- que asuman la responsabilidad de protección a las miles de personas que padecen esta iniquidad.
Por lo tanto, exigimos:
Atención humanitaria urgente a migrantes y refugiados a las puertas de Europa, empezando por alojamiento digno, atención sanitaria y escolar y reagrupamiento familiar.
Evacuación y corredores seguros para las personas que huyen de las guerras.
Implantación por parte de los Estados de nuevos lugares de acogida que respeten los derechos de migrantes y desplazados internos, a la vivienda, el trabajo, la salud y educación de los niños.
Promulgación de leyes justas que apoyen la unidad familiar y respeten escrupulosamente los derechos del menor.
Cooperación explícita de los Gobiernos y de la Unión europea con las distintas organizaciones (gubernamentales, no gubernamentales, religiosas y ciudadanas) que están trabajando sobre el terreno.
Hacer realidad la libre circulación de las personas y su establecimiento en condiciones dignas.
Exigir el reconocimiento internacional de los migrantes y desplazados por razones de hambre y económicas bajo el estatus de “refugiados”
Crear un fondo mundial económico en el marco de la ONU que permita una intervención inmediata ante situaciones de riesgo que puedan provocar la migración y desplazamiento de la población
Eliminar la deuda externa de los países empobrecidos, de sus intereses y de todos los condicionantes que de ella provengan.
Construir un nuevo orden económico internacional basado en el diálogo, la cooperación y la solidaridad entre los pueblos para que el mundo sea casa común de todos los hombres.
En Bangladesh, donde dos de cada tres niñas son obligadas a casarse antes de los 18 años, cada vez son más las adolescentes que deciden luchar para cambiar un destino que las condena a ser adultas antes de tiempo.
A pesar de que la ley prohíbe el matrimonio infantil, el gobierno bangladesí no controla su cumplimiento ni aborda los factores que lo posibilitan. En muchas comunidades, las niñas son consideradas una carga económica y las familias creen que entregando a sus hijas a un marido –a menudo mucho mayor que ellas–, les asegurarán su supervivencia y manutención, además de protegerlas ante agresiones sexuales. La práctica de la dote, muy extendida, tampoco ayuda: cuanto más joven sea la novia, menor será la cantidad a entregar.
La realidad, sin embargo, es amarga. Las niñas casadas dejan la escuela, tienen más posibilidades de sufrir malos tratos, engendrarán más hijos y tendrán menos posibilidades de contar con ingresos propios, lo que perpetuará su dependencia del marido. Además, las muertes relacionadas con embarazos precoces son la primera causa de mortalidad en adolescentes. En este contexto, la educación y la sensibilización son claves para luchar contra esta lacra.
En las escuelas de Educo en Bangladesh se protege a las alumnas contra el matrimonio infantil al que muchas se verían abocadas. En primer lugar, mentalizando a las propias niñas de cuáles son sus derechos, así como también a sus compañeros de clase, y, en segundo lugar, hablando con las familias para concienciarlas de la necesidad de que sus hijas completen los estudios.
Jesmin (15 años) cursa 9º de primaria en la escuela de Educo en Hazaribag, uno de los mayores slums de Dhaka. Cuando estaba en sexto de primaria, con 12 años, su padre la quiso casar con un hombre que se había fijado en ella porque tenía la piel más clara que la de su hermana mayor. Pero la niña se opuso con todas sus fuerzas y alegó que todavía estaba estudiando. Con el apoyo de su madre, Noor, pudo evitarlo. Hoy, además de estudiar, da clases a un grupo de siete niños y ahorra para pagarse su formación en el futuro. Quiere ser maestra.
Sahanaj (14 años) también vive en Hazaribag. Su padre la quería casar para seguir la tradición y porque consideraba que de este modo estaría más protegida y evitaría posibles abusos de otros hombres. Pero ello se rebeló contra su destino y su madre la apoyó para eludir las dos proposiciones de matrimonio que tuvo de dos vecinos. Su caso se trató en el comité de padres y madres de la escuela, donde se convenció a su progenitor para que esperara, al menos, a que finalizara la educación primaria. Ella sueña con ser doctora.
Ruby (17 años) escapó de su marido y sus suegros y caminó cinco kilómetros hasta llegar a casa de su abuela. Su caso fue un ejemplo para sus compañeros en la escuela de Educo y sirvió para que los profesores tratasen el tema. “Ninguna niña más de ese curso se casó”, afirma la maestra. Ruby estudia secundaria en la escuela de Educo en el slum de Shampur y desea llegar a la universidad para estudiar comercio.