La historia de “La Leonor real” (una niña gitana de cinco años de Galicia) y de otras niñas y niños gitanos, trata de poner un poco de luz en esta cuestión.
Este vídeo forma parte de la campaña #LeonorDejaLaEscuela, lanzada por la Fundación Secretariado Gitano a finales de octubre para visibilizar una realidad de la que apenas se habla: seis de cada diez niñas y niños gitanos deja la escuela sin lograr el título de Secundaria.
La campaña ha sido viral (15 millones de internautas la vieron en las 24 primeras horas y varios millones más en los medios de comunicación) gracias al lanzamiento en redes sociales. Se utilizó una confusión, el nombre de Leonor como gancho publicitario, para convertir la educación de niñas y niños en una “cuestión de Estado”.
Más allá de la campaña subyace este asunto de fondo: ¿Permitiríamos que estas cifras de abandono escolar se dieran entre otros grupos sociales? Cuando se menciona a los gitanos, el prejuicio actúa rápido.
Pocas veces se pone el foco en la falta de oportunidades que tienen estas niñas y niños por el hecho de ser gitanos. Y tienen menos oportunidades porque muchos viven en situaciones de pobreza y exclusión social; muchos viven en entornos donde lo raro es acabar con éxito el colegio o van a clases a colegios segregados; las expectativas puestas en ellos son nulas; sus familias carecen de trayectoria educativa y en sus colegios apenas se trabaja la diversidad…
La brecha que separa al alumnado gitano del resto es enorme (51% puntos de diferencia si hablamos de los jóvenes que abandonan sin lograr el título más básico), según el estudio El alumnado gitano en Secundaria. La exclusión educativa (un parámetro que mide el VII Informe sobre Exclusión y Desarrollo Social en España- Foessa) se ha duplicado en los últimos años (del 18% en 2007 al 36% en 2013), precisamente cuando el proceso en el resto de la población ha sido el contrario. Ese estudio demuestra además una clara relación entre nivel educativo e intensidad de la exclusión. Cuanto mayor es el nivel de estudios de las personas, menores son las posibilidades de sufrir procesos de exclusión social.
Nos rasgaríamos las vestiduras si dijéramos que en España no se garantiza el derecho a la educación. Pero es que para las niñas y niños gitanos es así. Son los poderes públicos responsables de hacerlo efectivo. ¿Cómo? Fortaleciendo la educación pública, inclusiva y de calidad para todos; invirtiendo en programas de educación que reduzcan la desigualdad de los grupos más excluidos y más alejados del sistema educativo; evitando la segregación escolar; y cumpliendo con los propios objetivos que se han marcado en la Estrategia Nacional para la Inclusión social de la Población Gitana 2012-2020.
Pero no sólo los poderes públicos pueden generar cambios. También el conjunto de la sociedad, el profesorado y las familias gitanas, porque su implicación es fundamental para construir un mundo con más oportunidades.
De momento, muchos jóvenes que están superando múltiples barreras ya han dado el primer paso y están mostrando que ese cambio es posible. Han pasado por el programa educativo Promociona, un proyecto de orientación educativa que desarrolla la Fundación Secretariado Gitano en 38 localidades de toda España y permite trabajar con 1.067 familias, 1.276 alumnas y alumnos, y 373 centros educativos, arrojando cifras esperanzadoras: el 82% de los chicos y chicas que están en 4º de la ESO logran el título de Graduado en ESO







