El mar Mediterráneo ha vuelto a ser escenario de la tragedia: entre 700 y 900 personas han perdido la vida en diversos naufragios en los últimos días, según las estimaciones realizadas por organizaciones humanitarias basadas en testimonios de supervivientes. Así, portavoces del Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR) han cifrado en 700 las víctimas, mientras que Médicos Sin Fronteras (MSF) eleva el número a 900.
Y es que, tal y como ha ocurrido en otras ocasiones, establecer el número exacto de desaparecidos es muy complicado y los organismos terminan basándose en el testimonio de los supervivientes.
En la última semana han tenido lugar diversos naufragios en el Mediterráneo, tres confirmados en tres días consecutivos en las costas italianas. Lo que pone de manifiesto que, cerrada la ruta de los Balcanes, el país se ha convertido en la meta de miles de refugiados.
«La situación es caótica. No podemos estar seguros de los números, pero tememos que 700 inmigrantes se han ahogado en tres naufragios», manifestó un portavoz de ACNUR. Particularmente dramático fue el naufragio de dos viejos pesqueros, cada uno sobrecargado con 500 inmigrantes, sobre todo eritreos y subsaharianos, que habían partido desde Sabratha, en Libia. Uno tiraba con una cuerda del otro sin motor.
Después de pocas millas y ocho horas de navegación, el segundo comienza a embarcar agua, cunde el pánico y decenas se lanzan al agua intentando alcanzar la otra barca. Las esperanzas de salvación del segundo pesquero se desvanecen cuando los traficantes de inmigrantes del primero, rompen la cuerda que unen las dos embarcaciones.
La segunda se va a pique en pocos minutos: los que van en cubierta se lanzan al agua, pero los 300, entre ellos 40 niños, que viajaban en la bodega acaban en ese cementerio sin fin que se ha convertido el Mediterráneo. Los supervivientes fueron solamente 20, rescatados por dos naves.
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