(Jesús Bastante).- Sor Lucía Caram es una espléndida monja, y sobre todo una gran persona. Acaba de publicar con Plataforma Editorial “Mi claustro es el mundo“, un libro muy personal en que explica que su fe “no es una ideología“.
Con el Evangelio como “inagotable fuente inspiradora”, y confiando en que el Espíritu Santo es “locamente creativo”, sor Lucía se niega a renunciar a la utopía.
Dicen que un pueblo que pierde su memoria está condenado a desaparecer. Y como no quiero desaparecer, de momento, decidí hacer memoria y, explicando el presente, me tuve que remitir al pasado. Para mí fue muy importante el tema del título del libro, que en principio no era éste, sino “expropiada para utilidad pública”. Porque la idea era explicar por qué estoy haciendo lo que estoy haciendo. Todos se preguntan qué hago siendo monja de clausura, por eso tengo que explicar qué es el claustro. Y el claustro no son los límites del monasterio. Es el mundo, el espacio de las grandes manifestaciones. El libro, y también mi vida, podrían haber tenido otros títulos, pero creo que éste refleja mejor mi realidad. Si hubiéramos puesto “mi claustro es un mundo” hubiera sido patético. Lo que pienso es que el claustro evoca la capacidad de contemplación, pero lo importante de un contemplativo es que también sepa contemplar el mundo y la historia según el corazón y los ojos de Dios. Y el monasterio es una plataforma privilegiada para eso. A mi claustro llegan los gemidos y los reclamos de este mundo, las esperanzas y las alegrías. A partir de ahí me doy cuenta de que la fe que yo he recibido posiblemente sea, junto a la vida, el gran don que me han dado mis padres. Pero mis padres no creen por mí, cada uno tiene que hacer una opción personal. Por eso he hecho una lectura de la evolución de mi fe. Uno necesita razones y convicciones para vivir, y evidentemente el camino del Evangelio es inagotable como fuente inspiradora. El Espíritu a cada uno le sugiere en cada momento lo que tiene que responder, y es locamente creativo. Supongo que por eso quedó un relato simpático, porque intento escribir como hablo, y no me he callado ninguna anécdota, ni las que no se esperan de una monja.
¿Qué ha cambiado para ti con los años, con las experiencias, con las dificultades…?
Mi fe no es una ideología. Hay una expresión de Pedro Casaldáliga que a mí me abre el horizonte: “La tierra es el único camino que conduce a la eternidad“. Es decir, que es aquí donde tenemos que negociar, con los talentos que se nos han dado. Por otro lado, creo que estamos viviendo una maldita crisis, pero al mismo tiempo una bendita oportunidad. Es una manifestación de Dios que habla en la historia. En un capítulo del libro digo que la crisis cambió mi vida, porque me hizo leer mi fe desde esta perspectiva. Por eso es quizá un libro de espiritualidad, donde repienso mi fe y la de la Iglesia, sin miedo a sintonizar y abordar los temas que realmente preocupan a la gente. Una de las cosas que más me han agradecido es el hecho de, sin ningún tipo de tapujos, asumir las preguntas que todos nos hacemos. Ninguno se traga hoy respuestas hechas y palabras vacías. Y por otro lado, como dijeron en la presentación, no es un libro que vaya en contra de la Iglesia, es un libro escrito desde dentro de la Iglesia. Pero desde dentro de la Iglesia sabiendo que la Iglesia es mucho más que lo institucional, mucho más que la administración vaticana. Es universal, todos formamos parte de ella.
¿sabrás encajar las críticas?
Sí, bueno, ya las estoy teniendo. Es un libro que quiere ser amable, que quiere ser inclusivo, y que quiere ser una bocanada de libertad. Yo siempre evoco a Juan XXIII cuando abrió las ventanas de la Iglesia para que entrara el aire. Cuando entra el aire, todo se pone patas para arriba, y a lo mejor eso pasa con algunos de mis planteamientos. Pienso que hay que dejar que la vida fluya para que podamos encontrar otro orden diferente, porque el orden que teníamos (nos hemos dado cuenta) sólo ha servido para espantar al personal.
Con la Fundación Rosa Oriol estás trabajando para paliar la tremenda crisis que estamos viviendo. ¿Qué trabajo realizáis?
Para nuestro monasterio fue imposible no oír los clamores del pueblo. Ahora todo el mundo ha reaccionado porque una persona se ha suicidado a raíz de los desahucios, pero el día 10 de octubre ya se estaba explicando que una de las mayores causas de muerte en Cataluña es justamente el suicidio a causa de la crisis. Es una estadística brutal, pero no se compara con ver sus rostros cada día. Yo he visto a padres de familia con sus niños, que han sido desahuciados y están viviendo en la calle o en un garaje.Nosotras estamos haciendo contención, dando una respuesta inmediata, atendiendo a 950 familias sólo con voluntarios. Estamos también construyendo un albergue, hemos abierto unos pisos tutelados y estamos preparando una empresa de reinserción laboral… pero no queremos vivir de la Administración. Queremos vivir de la implicación ciudadana. Tenemos un potencial de más de 200 voluntarios, que están implicados con pasión y con compromiso. Eso es una marca de calidad. Es muestra de que esta crisis está mostrando lo peor, pero también lo mejor de la gente.
Una periodista vino un día a nuestra plataforma de alimentos a hacer una entrevista, y cuando vio tanto ir y venir de gente, tantos voluntarios, tanta gente joven… me preguntó que si eran practicantes. Yo le dije que sí: practican la justicia, practican el compromiso, la solidaridad… Ella me preguntaba que si iban a misa. Me giré y le pregunté a una voluntaria, ¿Oye, Lourdes, vas a misa? “Algunas veces“, me dijo.
Yo creo que ser practicante va más allá de la práctica litúrgica. Estamos asistiendo al servicio y a la vivencia del sacramento de los pobres. Ellos están revelando a la gente un nuevo camino de espiritualidad. Retirarse al silencio y a la soledad no te hace un solitario, te hace solidario. Éste es el gran secreto de la vida contemplativa. Yo cada día me levanto a las 5 de la mañana, tengo mis momentos de oración, participo en la liturgia con mi comunidad… lo necesito como el aire para vivir. Yo no podría estar en la primera línea si no tuviera el apoyo de las hermanas. Y además tengo una comunidad más grande: la que forman los voluntarios, que para mí son también hermanos de mis hermanas. La familia se ha agrandado. No hay problema ninguno, creo que el Evangelio está floreciendo, y discrepo absolutamente con el diagnóstico que se hizo al comenzar en Valencia el congreso de los jóvenes. Que si lo jóvenes están despistados, que van por otros caminos, que tienen la culpa de lo que sea, que ha habido una “paganización”… Yo no estoy de acuerdo. Lo que pasa es que les dejamos ser protagonistas de la historia. No les dejamos ser protagonistas del cambio. La gente mayor ha decidido lo que tienen que hacer, y espera que repitan sus modelos. El éxito sería consistiría en ofrecerles una plataforma para que se impliquen.
La crisis nos está ayudando a ver que el sistema de funcionamiento de los servicios sociales que siempre se han dedicado a la caridad tiene que cambiar. Estamos manteniendo unas macroestructuras que no dan para más. Tenemos que reinventarnos, buscar gente que no venga ya desencantada de otros movimientos, gente nueva que no ha encontrado respuesta en las instituciones y que no ha estado contaminada con una manera de funcionar. Gente así no tiene precio.
¿Cómo llevas el ser una “monja star”?
Mi vida es muy normal, lo único que hago es explicar lo que estamos haciendo. Si eso tiene repercusión y los medios de hacen eco, posiblemente sea por lo que hay detrás. No estamos vendiendo humo. Yo no estoy sola, tengo el mejor equipo del mundo: los voluntarios. Esto avala la gestión del proyecto que hacemos entre muchos amigos que compartimos pasión. A mí no me molesta ser portavoz de todos los que tengo atrás. Creo que además, esto se va contagiando, y que tenemos la posibilidad de creer que el cambio existe, siendo actores de este cambio. Se acabó el dar fórmulas, hay que ponernos manos a la obra. No hay que vivir para trabajar, sino trabajar para vivir.
Poco a poco vamos haciendo pequeños proyectos: una cooperativa, huertos ecológicos de proximidad… y ese tipo de iniciativas se van contagiando. Ojalá aprendamos, con esta crisis, a consumir de una manera responsable y saludable, sin abusar tanto de los medicamentos y de los fármacos… Ojalá seamos capaces de darle la vuelta a la situación que estamos viviendo.
¿Te seguiremos leyendo en tu blog de Religión Digital, además de en tu libro?
Claro que sí. Y también os espero en cualquier esquina o rincón de mi claustro, que es el mundo.








