Para Juan (nombre ficticio) se trata de una cuestión de “coherencia ideológica”. “Toda la vida he pensado que no estoy de acuerdo con este sistema en el que los ricos son cada vez más ricos y los pobres cada vez más pobres, por eso decidí incluir en mi testamento a una ONG”, cuenta este bilbaíno de 68 años. Como destinatario del legado solidario eligió a la Fundación Vicente Ferrer, que pasará a ser propietaria de su vivienda después de su muerte.
A pesar del incremento de interés hacia esta práctica, el número de españoles que deciden incluir a una o más organizaciones sin ánimo de lucro en su testamento se mantiene muy bajo. Un estudio de mercado realizado entre enero y febrero de este año por encargo de la campaña de comunicación Legado Solidario les cifra en apenas el 3% de los que han firmado las últimas voluntades ante notario. Los principales obstáculos, según esta iniciativa que aglutina a 25 entidades para concienciar sobre el acto del testamento e informar sobre el legado solidario, están vinculados con el desconocimiento, la priorización de los herederos legítimos y el temor de que sea algo complicado de hacer.
Aunque un 36% de la población mayor de 25 años encuestada admite no haber oído hablar del legado solidario, el estudio destaca que el conocimiento sobre este tema está en aumento, en especial entre las mujeres y personas que colaboran con ONG.
“Mi hijo fue lo que mejor lo entendió, pero todos los demás no paraban de decirme: ‘Ya, pero…”, relata Juan. “Ellos se califican como previsores ante la posibilidad de que en futuro pueda necesitar ese dinero, pero yo diría más bien que es por miedo. Además, olvidan que siempre se puede modificar el testamento”. Este bilbaíno, muy activo en el mundo del voluntariado y que hasta ha fundado una pequeña ONG, lamenta que a menudo escasee información clara sobre el legado solidario. Aún así, se sorprende por el número tan limitado de personas que lo hace.
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