Que un Dios encarnado no es un Dios colorado. En todo caso un niño sonrosado, aunque más bien hiciera frío en el establo y, si no es por la mula y el buey hubiesen estado todos paliduchos.
La encarnación, sobre todo, tiene que ver con que Dios se hace humano. Qué extraño… Un Dios todopoderoso convertido en un ser humano frágil y débil. Un Dios que todo lo sabe, ahora balbuceando. Un Dios creador necesitado del calor de su creación.
Para que luego digan que Dios está despreocupado, lejano o ajeno al mundo. Tan cercano está que se hace uno de nosotros. Tan atento está que comparte nuestra vida.
La encarnación es la manera en que Dios dice: “Te amo. Tanto que aquí me tienes. Tanto que quiero mostrarte un camino, y vengo a tu encuentro para ello..”
ARBOL SOY, AMOR MÍO. MIS RAÍCES.
Árbol soy, amor mío. Mis raíces
bajo tu sangre crecen.
Son todas esas venas que en tu carne
luchan y se retuercen.
Soy la raigambre toda de tu pueblo.
Sus calles. Y sus frutos. Y sus viernes.
Heme aquí, sacudido, vigilando,
lleno de ramas verdes,
protegiendo tu alma con mis hojas,
defendiendo tus besos con mis dientes,
sembrando este amor mío como un ojo
debajo de tu vida y de tu muerte.
Amanezco cantando y anochezco
todo lleno de heridas. Pero siempre,
en todo y sobre todo, soy un árbol
que te hunde raíces mientras duermes.
y cuando sueño te derramo adentro
una bandada de arbolitos verdes.
Jorge Debravo.







