FASFI felicita a Francisco y agradece al Señor el regalo que ha hecho a la Iglesia y al Mundo en su persona.
Quiero ofrecerte: el amor de una sonrisa. Un obsequio humilde y efímero que puedes multiplicar y compartir sin miedo como los panes y los peces, hasta que todos unidos a Jesús habitemos finalmente el Reino de Dios. A.G.
SONRISAS PARA FRANCISCO
Quise encontrar un obsequio,
el más sencillo, el más humilde,
el que en su pequeñez
pudieras aceptar sin ofenderte.
Pensé que podría comprarlo y fui a la tienda
pero ningún objeto me conformaba.
Entonces escuché una voz santa que me dijo:
“… a quien tiene a Dios, nada le falta,
sólo Dios, basta.”
Creí ser poeta para ofrecerte palabras
………….
Desafiante, me atreví hasta el abismo
………….
Busqué entonces en el aire
………….
Quise igualar el canto de la alondra
………….
Quedé entonces en silencio, desconsolado
………….
¿Francisco, pensé, en tu amorosa humildad, es que no hallaría nada que pudiera agradarte…? De pronto un árbol dejó caer una de sus hojas que se depositó frente a mí en el suelo. Luego otra, que llegó meciéndose en la brisa hasta mis manos que la recibieron sin querer. Luego otra, otra, y otra más, hasta que sentí que el árbol, compasivo, estaba dispuesto a entregarse por entero y desnudar sus ramas con tal de consolarme.
Tanto era su amor que brotaron mis lágrimas como un manantial redentor y agradecido. Las hojas del árbol continuaron descendiendo generosas en una bendición inacabable… Entonces pude comprender… y sonreí. Y sonrieron conmigo los campos, las aves y los arroyos. La brisa se detuvo y ya no volvieron a caer más hojas… El regalo que produjo la sensibilidad de aquél árbol es el que ahora quiero ofrecerte: el amor de una sonrisa. Un obsequio humilde y efímero que puedes multiplicar y compartir sin miedo como los panes y los peces, hasta que todos unidos a Jesús habitemos finalmente el Reino de Dios.
Alejandro Guillermo Roemmers Ciudad del Vaticano, 18/09/13









