
“El amor en tiempos de cólera… económica” fue uno de los ejes de la presentación-debate del último libro de José Ignacio González Faus, editado por RD-Khaf, y que ayer congregó a casi un centenar de personas en el Colegio Mayor Chaminade.
“No ha sido mi vocación, pero Cristo y los pobres me metieron en economía”
Una economía del Amor
José Ignacio González Faus, sj, hizo suya la expresión fundante de la Gaudium et Spes, “los gozos y las esperanzas de los pobres de la Tierra son gozos y esperanzas de los discípulos de Cristo” para justificar su trabajo. Y para denunciar: “Es una pena que las angustias de los más pobres estén metidas en el congelador”. ¿Cuál es la alternativa? La más sencilla, la más difícil. “Una economía del amor”.
El teólogo hizo un repaso de las ocasiones en las que la Biblia habla de “economía”, que no es otra cosa que “la administración de la casa. Economía es gestionar lo que hay y lo que dice la Biblia es que deberíamos gestionar la creación de Dios de modo que sirva para todos”.
Faus fue especialmente crítico con la moral de la propiedad.
“En el cristianismo primitivo la propiedad no es un derecho primario. Cuando has cubierto tus necesidades, todo aquello que te sobra ya no es tuyo. Dar limosna no es caridad, es un acto de justicia, le devuelves al pobre lo que es suyo”.
Dar limosna no es caridad, es un acto de justicia, le devuelves al pobre lo que es suyo
Frente a esto, “nuestro sistema económico está basado en un sistema de propiedad ilimitado”.
El teólogo jesuita proclamó que “otro mundo es posible, pero sólo si lo queremos entre todos”. “Este libro no quiere crear ira, pero es que se acumula por sí solo cuando la gente lo pasa tan mal”, añadió Faus, quien profetizó que “nuestro sistema está creando unas diferencias que pronto no serán soportables, porque amenaza la Tierra y, sobre todo, porque no nos hace felices”.
“Estamos en un orden mundial criminal y caníbal. Ojalá cambiemos este desorden imperante”, culminó el autor.
Gómez Serrano reclamó a los seguidores de Jesús “tomar conciencia del carácter planetario de nuestro mundo; apuntar que, mientras no cambiemos el sistema, no todas las versiones del capitalismo son iguales, y que, en buena medida, el capitalismo sigue funcionando porque cuenta con nuestra complicidad”. “Somos 2.000 millones de cristianos. Si nos lo tomáramos en serio, la cosa sería diferente. Por eso, la mayor contribución de la Iglesia es ‘producir’ gente buena. Sin buena gente no hay cambio”.
Del mismo modo, insistió en la necesidad de “ser aliados de las víctimas y alentar la esperanza, la creatividad y la valentía“. “No olvidemos que el Evangelio de Jesús, compartiendo 2 panes y 5 peces, creó tendencia. El Evangelio no creó soluciones, marcó tendencias”.







