La tierra roja del Valle – Aroa Martínez

Acabo de aterrizar desde República Dominicana y ha sido volver y todo el mundo quiere que le cuente como ha sido la experiencia como voluntaria en el Valle de Elías Piña, abrir una ventana a esa realidad desconocida hasta hace nada también para mí.

Y no se me ocurre nada que represente mejor al Valle que su tierra roja, en ella sustentan su vida, sus familias y casas los habitantes de una zona desconocida para muchos de sus vecinos cercanos. Algo que sucede a menudo con los lugares que se sitúan en tierra de nadie, en este caso en la frontera entre República Dominicana y Haití.

El Valle es ese sitio donde la mayoría de sus habitantes buscaron refugio de unas condiciones de vida aún más duras de las que tienen allí y donde les permitieron quedarse sin hacer ruido ni molestar. Pero con esa tierra roja, mucho esfuerzo y ganas viven su día a día cientos de familias en condiciones que cuesta imaginar.

El Valle es un lugar verde, cálido, lleno de sonido y color enclavado una sierra de naturaleza vibrante que se va revelando según te adentras en él, y poco a poco vas descubriendo que la base de ese lugar no se compone de tierra sino de manos.

Manos de muchas mujeres que ponen en pie la vida de todos los que viven en esas tierras, con su trabajo en los mercados de la zona, cultivando la tierra, en sus casas, cuidando a sus hijos y enviándoles a la escuela preocupadas como cualquier madre porque salgan adelante, estudien, coman y cuiden a sus hermanos que suelen ser numerosos.

Son niños con infancias difíciles, que comienzan a ayudar en casa apenas saben andar ya sea lavando la ropa, cuidando animales o ayudando a labrar los campos, acompañando a sus padres a vender al mercado de Totoy en Haití o cuidando de sus hermanos pequeños. Pero también saben divertirse y van al colegio con una sonrisa, se lavan por el camino para llegar limpios a la escuela que es el lugar donde pueden volver a ser niños y su oportunidad para abrir nuevas puertas.   

A veces nos preguntamos si la ayuda llega, si es necesaria, en el Valle están acostumbrados a pelear cada día, pero la ayuda es necesaria ya que cuentan con muy pocas opciones al carecer de papeles y  tener condiciones de vida muy duras. El día comienza temprano en casas frágiles que se han ido fortaleciendo gracias a las ayudas que llegan de diferentes manos entre ellas las fundamentales de las hermanas del Valle, Miguelina y Anabelis y la Fundación Ayuda Solidaria Hijas de Jesús (FASFI). Y pasan de ser casas muy precarias sometidas a las inclemencias del tiempo de una zona muy lluviosa a casas sencillas donde las familias plantan aguacates, guineos o legumbres tanto para consumir como para vender y cambiar por otras cosas necesarias. Y cada dos meses reciben un saco con alimentos de primera necesidad (arroz, harina, alubias) para complementar una dieta muy escasa especialmente para los mas pequeños. 

En el campamento de este año fueron mas de 160 niños que se dividieron en talleres muy divertidos, de baile, de juegos, de pintura, de lectura… Donde  no pararon de reír, jugar, correr por todas partes y pasárselo bien. Y después de tanto movimiento a merendar y con ganas de volver ya al día siguiente a comenzar cantando soy una taza, una tetera, una cuchara… ¿A que os suena?

Y en la segunda parte del campamento con los mayores dimos clases de repaso para un grupo de chicos que este año comienzan a estudiar lo que aquí sería 1º de la ESO solo que por sus circunstancias y carecer de papeles ellos tendrán que hacerlo a distancia con la asistencia de las hermanas.

Si os estáis planteando ayudar de alguna manera no lo dudéis, allí hace mucha falta y las hermanas se encargan de que no se desperdicie un céntimo y se use de la manera más necesaria. Si os estáis planteando ser voluntarios, no vais a encontrar un proyecto tan cuidado.

En mi caso, desde el primer momento aquí en España ha habido siempre una mano tendida, primero con Beatriz, desde FASFI, para organizar tanto el voluntariado, papeles y formación y resolver mil dudas, con voluntarias como Puerto y Carmen contando su experiencia y ayudando con sus consejos. Y una vez en República Dominicana con María recogiéndome en el aeropuerto, Anabelis y Dianny esperándome en la casa de las hermanas en la capital, los guías del campamento de Cotuí y los chicos y chicas de Comendador que nos ayudaron con los más pequeños. En mi caso tuve la inmensa suerte de poder vivir con una familia de Comendador, mi familia dominicana, Quina, Leotania, Susana y el pequeño Leudy que me acogieron como una más y gracias a ellas la experiencia ha sido aún más enriquecedora.

Quiero dar las gracias de manera especial a Miguelina, Anabelis y todas las hermanas que he conocido allí por estar disponibles en todo momento para cualquier consejo, duda o necesidad y tratarme con tanto cariño, ellas han hecho que la experiencia fuera inolvidable… ¡y para repetir!

Aroa Martínez

La tierra roja del Valle – Aroa Martínez