Día: mayo 26, 2020

Voluntaria internacional en tiempos de Coronavirus

Voluntaria internacional en tiempos de Coronavirus

Agustina Espino partió de Uruguay hacia Argentina en febrero con la ilusión de hacer su primer voluntariado internacional con FASFI. A las pocas semanas comenzaron los primeros casos de Coronavirus allí y su plan inicial dio un vuelco. Ella nos ha enviado su testimonio y nos cuenta esperanzada las oportunidades que está encontrando en medio de la pandemia.

“La experiencia de voluntariado internacional era un sueño sembrado en mi corazón desde mucho antes de lo que puedo recordar. La posibilidad de dar a otros mi tiempo completo, y que el servicio, siendo siempre una parte de mi cotidiano, se convirtiera en centro de mi vida, era un llamado que quemaba dentro, y esperaba pronto hacerse realidad. Este llamado, a compartir la vida con otros, tras un largo tiempo de preparación, finalmente se concretó desde Fasfi (Fundación Ayuda Solidaria Hijas de Jesús) en una fecha y un lugar; febrero de 2020, Villa Ocampo, Santa Fe (Argentina).

El 26 de febrero salí de Uruguay, rumbo a Villa Ocampo. El cariño de los míos, expresado en las despedidas de esos días, me siguió acompañando durante el tiempo que duró esta hermosa experiencia.

Las tres primeras semanas se vivieron a fondo, con intensidad. Junto a Nina y Patricia, dos de las hermanas de la Comunidad de Villa Ocampo, y Delia, virgen consagrada, que vive en ese lugar, visitamos a multitud de grupos bíblicos y compartimos la Eucaristía con variedad de comunidades. Tuve la oportunidad de conocer la historia de diversos hombres y mujeres, quienes abrían su corazón y me daban la oportunidad de entrar en ellos. A su vez, comencé a dar clases con Loly, la tercer Hija de Jesús en Ocampo, superiora de la comunidad, en la EFA (Escuela de la Familia Agrícola). Allí conocí al cuerpo docente y compartí las clases con tres grados. Trabajar en conjunto con Loly, y con esos estudiantes, fue un verdadero placer. Además, conocer la pedagogía de la alternancia, la cual se aplica en este tipo de instituciones, fue ampliamente enriquecedor para mi formación como profesional de la educación.

Durante esas semanas, comenzaron a aparecer los primeros casos de Coronavirus en Argentina, y el 20 de marzo se declaró la cuarentena obligatoria en el país. De ahí en adelante, la experiencia cambió completamente su curso. Los últimos dos meses en Villa Ocampo, fueron meses de búsqueda. De pensar, de intentar, de soñar, de inventar. De trabajar en conjunto, de compartir los dones de cada una, para ponerlos al servicio de otros. Y creo que, alcanzamos el objetivo que nos habíamos propuesto: ayudar a otros a vivir la Semana Santa de un modo más profundo, y de conocer más a fondo a Antoñita, para poder reflectir su vida en la nuestra, a través de las pautas de oración y diferentes videos que fuimos creando para la comunidad.

Para muchas personas, mi voluntariado fue una experiencia frustrada por la situación de la cuarentena. Y no los juzgo. Si hubiera sabido de antes lo que iba a suceder, también me hubiera preguntado: ¿Cómo voy a ayudar a otros si no puedo salir de casa? ¿De qué sirvo yo en esta situación? ¿Cómo servir a otros cuándo no podemos servir?

En octubre del año pasado, el Papa Francisco expresaba que la iglesia, debía ser siempre iglesia en salida, una iglesia con las puertas siempre abiertas. Desde que las escuché, esas palabras dan vueltas en mi cabeza, y me acompañaron especialmente durante todo este tiempo de encierro. Y fue ahí, que las entendí de otro modo. Entendí, que el encuentro con los otros puede darse en mil formas. Que podemos abrir las puertas de otra manera, y que debemos aprovechar las herramientas que tenemos para poder hacerlo. Y entendí también, que nuestra iglesia en salida, tiene mucho que aprender del mundo, para saber leerlo, para mejor acompañarlo. Entendí que yo, si quiero ser iglesia en salida, a veces también tengo que abrir las ventanas que más me cuestan. Y entendí, que seguir al que late adentro, es el mejor modo de abrirlas, que la confianza era la respuesta a todas mis preguntas, y que debía entregarme a unos planes que claramente no eran los míos.

Hoy, me siento plena, completa y profundamente feliz de lo vivido durante estos meses en Villa Ocampo. Con este voluntariado, sigo confirmando que los caminos de Dios muchas veces no coinciden con los propios, pero que estos cambios de planes, producto de su voluntad, son los que traen consigo la felicidad más sencilla, profunda y duradera.»

Agustina Espino
-Uruguay-
Fasfi Región Argentina Uruguay