La sombra más oscura de la pobreza

Con 13 millones de pobres y más de 40.000 personas viviendo en la calle, España sigue en la cola de la UE en la lucha contra la desigualdad pese a que el gobierno se comprometió a sacar de esa situación a 1,4 millones en 8 años

La ciudad de los pobres no figura en los mapas pero tiene sus habitantes. En España son casi 13 millones, 29 de cada 100 ciudadanos, una cifra que pone en cuestión el grado de cumplimiento con el plan europeo contra la pobreza que el Gobierno firmó hace 5 años. Si el objetivo fijado para 2020 era recuperar a 1,4 millones de personas que entonces vivían en situación de exclusión, los últimos datos aportados por la Red Europea de Lucha contra la Pobreza (EAPN-ES) demuestran que aquella meta fue el resultado de unos cálculos equivocados. La cruda realidad es que la penuria ha seguido en la línea de ascenso que inauguró la crisis en 2008. Y así ha continuado, incluso durante el esperanzador ejercicio del pasado año cuando los responsables económicos echaron las campanas al vuelo por el crecimiento de más del 3% experimentado por el PIB, dígitos que parecían cantar el final de la recesión. Sin embargo, nada ha cambiado y más de tres millones de personas continúan subsistiendo con menos de 300 euros netos al mes, un millón más de los que había en 2012.

Estas cifras colocan a España en el furgón de cola, sólo superado por Chipre y algo mejor que Lituania, de todas las estadísticas sobre exclusión, desempleo y desigualdad que elabora la Unión Europea periódicamente. Y lo más preocupante, en opinión de la gran mayoría de los expertos, es que siembra de dudas el porvenir de miles de personas. El de los jóvenes, por ejemplo.

Según destaca el último informe sobre juventud y pobreza elaborado por el Observatorio Social de la Fundación La Caixa, el 79% de los españoles entre 19 y 30 años, un porcentaje estratosférico en comparación con el 58% de la media europea, está convencido de que el sistema ya les ha excluido de la vida económica y social para los próximos años. Un jarro de agua fría para los redoblados esfuerzos del ejecutivo por propagar la vieja consigna aznarista de que España va bien. “La impresión general de que la pobreza crece en las recesiones y se corrige en las expansiones no funciona en España como sucede en otros estados de la OCDE. Esto sucede porque el sistema fiscal redistribuye menos que en otros países del entorno y porque el gasto social, que ya era bajo antes de la crisis, se ha deteriorado aún más. Si además añadimos la debilidad de la estructura productiva nacional, el resultado es que el problema de desigualdad español va más allá del ciclo financiero”, afirma el economista Luis Ayala, autor de varias investigaciones sobre la exclusión en España para la Fundación Alternativas.

María está sentada en uno de los bancos que hay en la céntrica plaza de Tirso de Molina de Madrid. Es de baja estatura y muy delgada. Mira con ojos consternados mientras extiende la mano sin ninguna confianza en la caridad pública y mucho menos en la revolución de los pobres de la Tierra. Envuelta en un chaleco ajado trata de cubrir su rostro, arrugado como una nuez. Dice con voz ronca que nació en Fuenlabrada y que es tan vieja que ya no recuerda ni su edad. “Duermo en una caja de cartón, donde puedo. Tengo dos hijos, pero no sé dónde andan. Estuve trabajando en la limpieza de portales y haciendo camas. Toda la vida. En Madrid, en Munich…”, explica con aflicción. Tampoco sabe cuándo durmió en la calle por primera vez. “Hace tiempo, no me acuerdo, pero es duro estar así. La calle trae enfermedades pero eso de ir a los albergues, que están en el quinto coño, o a las camas abiertas, donde el horario es estricto y como te pases ya no entras. ¿Para qué? Para nada. Gastas en el metro lo que vale algo de comida en el super y allí no te dejan tranquila. Estoy mejor aquí”, afirma con una leve sonrisa que acentúa sus pómulos hundidos, labrados por surcos profundos como raíces.

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