Marcos (nombre ficticio) acaba de acoger a un niño de cinco años. Ha pasado poco menos de un año desde que él y su pareja decidieran optar por el acogimiento familiar: “Nos encontramos en el inicio del proceso, muy ilusionados pero con muchos miedos también”, admite. No tienen hijos. Esta será su primera experiencia como padres y casi de golpe les ha cambiado la vida.

Después de los cursos de formación que han recibido para poder optar a ser familia acogedora, además de demostrar una renta económica mínima y la carencia de antecedentes penales, se les asignó hace apenas quince días al pequeño Hugo (también ficticio). No es una adopción, sino una medida que permite a los menores bajo protección del Estado vivir en un hogar. También es la fórmula más recomendada por los expertos.

Unos 4.000 menores se encuentran en estos momentos tuteados por la Comunidad de Madrid, en diversas medidas de acogimiento, según los datos de Adamcam, asociación de familias de acogedoras y simpatizantes en favor de la acogida. De estos, aproximadamente el 40% lo hace en familias. El acogimiento familiar es el recurso que evita la institucionalización de niños cuyos padres, por circunstancias personales o sociales, no pueden hacerse cargo de ellos y pasan a ser tutelados por la administración. La retirada de la tutela a los padres biológicos puede ser por un periodo de tiempo temporal o permanente, durante el cual debe primarse el bienestar el menor.

“La acogida familiar les permite integrarse en un ambiente que les proporciona la seguridad, el afecto y la estabilidad esencial para su desarrollo”, explica a este medio la presidenta de Adamcam, Elvira Perona, que añade que esta modalidad de acogimiento permite que los menores pasen poco tiempo en las residencias. “Un menor de corta edad no debe estar institucionalizado demasiado tiempo”, añade. 

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