Querida Juanitatxo

En dicha fecha llegaste a este mundo (31 de mayo de 1845),  en Berrozpe,  tu caserío,  rodeado de montes,  de verdes intensos,  de lluvia mansa y a veces torrencial,  de mujeres y hombres recios,  arriesgados,  valientes …

Llegaste en este día y tu infancia y adolescencia transcurrió en ese ambiente;  después tuviste que salir,  dejar casa, aitas y lugares conocidos para adentrarte en otros sin conocer la lengua…

No pretendo en esta nota recorrer tu vida,  solamente felicitarte por tu cumpleaños y ofrecerte algunas flores,  velas y globos de colores y chuches,  como se hace en las fiestas de los niños,  pero ya has crecido.

Y ahora te veo mujer adulta,  que va madurando su vida y su fe con ella,  que lucha y se abre camino,  pero sobre todo que escucha profundamente … y recibe un regalo,  un tesoro que guarda y acrisola desde y en el corazón,  sí,  eres tú,  Cándida María de Jesús.

Y hoy nuestro regalo se llama gratitud y deseos,  sueños de futuro.

Gracias porque continúa el carisma pasando de generación en generación; tú y las primeras Hijas de Jesús nos lo regalaron de primera mano;  las sucesivas Hijas de Jesús también nos lo fueron entregando.

Hoy te ofrecemos esta familia que se ha ampliado de un modo quizá no pensado o planificado;  el árbol ha extendido sus ramas más allá de Salamanca,  más allá de Brasil,  por América,  Africa, Asia … hoy caminamos con laicos y laicas unidas en la misión;  en encuentros internacionales que se multiplican; en grupos de personas que se comprometen con tu carisma …

Carisma que traspasa lugares y tiempo con la conciencia de que no es nuestro solamente,  que no nos pertenece como propiedad privada,  sino que somos llamadas a compartirlo y multiplicarlo y desde ahí nuestros sueños:  seguir creciendo,  cada vez más insertados en este mundo concreto que nos toca,  que la misión sea el centro,  que las estructuras estén al servicio de la vida,  que nos orientemos a lo intercongregacional,  interconfesional … porque el mundo,  la misión,  demanda apertura de horizontes y queremos tener el corazón grande,  como el tuyo.

Que nuestros deseos nos empujen y no nos detengamos;  las dificultades a ti te estimulaban y buscabas en ellas saltos hacia Dios.

¡Da alas a nuestros sueños! ¡Gracias!  ¡Muchas felicidades!.

 

María Luisa Berzosa fi